Cuando me senté en el auto, era una coctelera a punto de estallar, cansada por la corrida de la última hora, nerviosa porque era mi primera cita con él, y pensando todas las recomendaciones. Sé espontánea, sé espontánea, se espontánea. Ni bien me subí, me dijo si tenías ganas de cenar. Sí, está bien. No había comido desde las cinco de la tarde y ya eran las 10, come poco, no sé como haría para no saltar sobre el plato, el estómago me hacía ruido, que bochorno. De todas formas, el rumbo ya estaba decidido iríamos a Morelia. ¡Me encanta la pizza de ahí! Come poquito.En el viaje charloteamos de pavadas, en realidad me contaba algo de mi cuñado, la cosa vino por ahí, mi hermanita que quiere verme casada, me organizó esta cita no tan a ciegas, digamos con cataratas. Ya lo había visto en un cumple de su marido, y la verdad que crucé dos o tres palabras con él pero nada más. No se manchó ninguna pared de rojo ni explota, explota mi corazón, prrummmm. Pero digamos que accedí porque el tipo a simple vista me caía bien.
Cómo explicar la noche, cómo contar lo que fueron casi tres horas de un hombre buen mozo, educado, sentado enfrente de mi contándome con lujo de detalles su separación y hablándome todo el tiempo de su ex. No le hables de tu ex. ¡No hubiera podido, no me dejaba tiempo! La de él estaba sentada entre los dos, en un momento me dieron ganas de pedir otro juego de cubiertos, para que la pobre comiera. Y yo con cara de ah, uh, qué feo, noooo, mmmm, entre bocado y bocado. Come poquito. ¡Ma, qué poquito! tenía que llenar el embole de alguna forma. Angustia oral.
El hombre en cuestión, era un típico depresivo que no había superado su separación de hacía ¡5 años!, y cuando se cansó de hablar de su ex y de que sus hijos ya no le daban bola. Empezó a explicarme que estaba fundido, en bancarrota. Si no es porque te invité, ya jamás salgo a comer afuera, no puedo, esa perra me dejo casi en la calle. Sé espontánea. Ahí no pude comer más, se me atragantó la pizza en el medio de la garganta, ya me tenía podrida. ¿No sé te ocurrió probar con terapia? Si hubiera tirado la bomba nuclear, no hubiera sido tan catastrófico. Vino una sarta de cosas contra los psicólogos, psiquiatras, la psicología en general, Lacan, Freud, hasta de su primo que estaba estudiando, Bucay entró en la bolsa off course. Son todos chantas, yo me curo solo. Solo te vas a quedar, pensaba yo.
Si no hubiera sido que estaba mi hermana de por medio, me hubiera levantado y me hubiera ido con una porción pizza en la mano, y le hubiera dejado la plata de la comida, para que no siga diciendo que las minas lo pelan. Pero me quedé por mi familia.
Seguía hablando, yo tratando de enfocar mi mirada en él, mientras pensaba que mañana sin falta tenía que pagar el cable porque se me vencía y avisarle al portero que una canilla perdía, que las sandalias me estaban apretando, que tenía que llamar sin falta a mi hermana para putearla, y por qué no se inventaban las sillas para eyectarse de las citas de mierda.
Cuando trajeron la cuenta, le ofrecí pagar la mitad y no quiso, sentí culpa pensando que no iba a comer por el resto del mes. Me dejó en la puerta de mi casa, mientras me despedía escuché una voz que me decía “la pase muy bien, por ahí podemos organizar otra salida”. Lo miré y le dije: No creo. Sé espontánea.










