"Nena, el próximo cama fuera”, eso me dice mi mamá cuando me aconseja sobre temas de pareja, o cuando pregunta por qué hace tanto que no le presento a nadie. O, cuando analiza porque se terminaron mis relaciones, una por una, con una visión totalmente arbitraria del asunto, y agregando datos, que yo misma desconozco.Las madres tienen esa capacidad de inventar cosas, que ellas mismas creen que son reales.
Es que las mujeres independientes, o los hombres podridos de las mujeres independientes, instalaron esta modalidad, que como todo tiene sus ventajas y desventajas.
¿Funciona el hecho de no estar todos los días juntos, para que una relación sea duradera?
Parejas de famosos como Woody Alen y Mia Farrow, tornaron mediática la cama afuera. Por como terminaron, no sé si será un buen ejemplo. Porque él, no sólo se llevó la cama, sino a su hija adoptiva, como pareja. Ejemplo, que bien podría usarse como una de las desventajas, pero es el que me vino primero a la mente.
El tema de la cama compartida, o no, todos los días, es un tópico de debate en más de un cumpleaños de amigos, tarde embolante de solteras no codiciadas, o discusión Mortal Comb entre los defensores de una y otra postura en una sobremesa del asado dominical.
Hubo una época, cuando salía con mi segunda pareja, que era yo la que iba a su casa, los fines de semana. Y en esos meses, vivía con el bolsito siempre a la espalda, como una especie de caracol, en vez de caparazón tenía la mochila siempre lista. Era la novia mochilera, pero alejada de la rutas, salvo la que me llevaba a zona norte. Santa Fe, Cabildo, Maipú.
Hay un detalle que no debe olvidarse: soy mujer. Por lo tanto, siempre faltaba algo en la mochila de fin de semana. O me olvidaba cosas, o la meteorología me jugaba malas pasadas.
Si llevaba musculosas, en pleno verano bajaba la temperatura a 18 grados, y terminaba el finde con un jogging de él, enorme, remangado en los tobillos, y con ojotas, con medias. Una cosa tan erotizante, como una mina con bigotes. Si llevaba ropa deportiva, surgía una fiesta.
Además, debía dejar de lado, la típica costumbre de sacar todo el placar para elegir qué me ponía. Creo que eso era lo que más extrañaba: el uso de la indecisión femenina. Sólo tenía dos míseros conjuntos, porque me iba directamente, del trabajo y no iba a estar cargando un bolso enorme.
El colmo fue una vez que llevé un zapato de cada par. Pero, como descargo, debo aclarar que eran negros los dos. Y sandalias.
Una de las cosas que adoraba de la cama afuera, es que cuando volvía a casa, el lunes por la noche, me acostaba en toda la inmensidad de mi dos plazas king size, y el silencio era sepulcral. Es que me faltaba la banda sonora de mi amado novio. Ronquido en do mayor, con la filarmónica Nidecostadosecalla.
Una de las cosas que más extrañaba en mi amplia y silenciosa cama, era el abrazo, luego de que hacíamos el amor, y el enredarnos las piernas, mientras hacíamos cucharita.
Sólo tenía que esperar una semana para estar así, arrullada por el masculino roncar.







