
De todos los señores que pasaron por mi cama que, para felicidad mía, y horror materno, no han sido pocos, he podido hacer una especie de estudio del comportamiento masculino frente al acto amoroso.
Quizás alguno se encuentre identificado y para evitar que me acusen de esto o lo otro, podría poner “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia”, pero, lamentablemente en esta ocasión habría que decir “cualquier parecido con la realidad es posible”.
Y pongo el pecho a los golpes, que por cierto, la naturaleza me dotó de buenos airbags.
El mudito: es aquel hombre que no emite sonido alguno, ni un sí, sí, sí, ni un mmmmm. Nada. Una se queda esperando algo, un mínimo murmullo. Por lo menos a mi me gusta escuchar algún suspirito, pero siempre que estuve con un mudito, noté como que todo pasaba por su cara, como si estuviera haciendo fuerza, pero nunca salía ninguna palabra, onomatopeya, o simplemente vocal, aaaaaa, o uuuuuu. Nada. (Este no es el caso del mudito porque no se puede hacer ruido, en el cual estar calladitos haciendo el amor es muy erótico.)
El relator deportivo: cuenta todo lo que está haciendo, paso por paso, y una siente que está en una cancha y que de pronto el que te está haciendo el amor es Niembro, que nada tiene que ver con su miembro. Es como anticipar la jugada, no usa el efecto sorpresa. Es algo extraño escuchar:
y ahora te beso en la boquita tan linda, y voy para allá donde están esas tetitas deliciosas, y mire la panshita, uy qué lindo ombliguito, mire como le como el ombliguito y lo chupo, mmmm, y ahí, ahí… más abajo, voy más abajo…Y cuando llega al aérea chica ni te cuento, el gol es un relato digno de Víctor Hugo Morales.
Y sigue, y sigue, y le va a pegar, y goooool.El encuestador: éste es el que menos me gusta, y que me saca de todo clima posible, y hace que nunca pueda llegar al orgasmo. Y muchas veces me vea en la necesidad de mentir. Es el que te pregunta todo el tiempo: si te gusta, si te calienta, si la tiene más grande, si es el mejor amante, si te hizo gozar más que ninguno, etcétera, etcétera. Podés estar gritando como una chancha que la van a degollar, en pleno proceso hacia el punto del éxtasis orgásmico, y él sale con un: ¿te hago gozar?, decime que soy el mejor; o: ¿te gusta?, decime que te gusta. Date cuenta que sí, no preguntes. ¡Socorro!
El aullador: sólo he tenido uno. Y hubiera creído que se trataba de un hombre lobo, si no hubiera sido tan lampiño. En el preciso instante que llegaba a su orgasmo el aullido, grito, chillido que daba, se escuchaba a tres cuadras a la redonda. Era totalmente bochornoso, sobre todo cuando el portero me miraba al otro día con ojos libidinosos mientras pulía la manija de bronce en forma procaz. (La solución en este caso puede ser ir a un telo, y que grite hasta que se quede sin voz.)
El mal hablado: le gusta decirte obscenidades, y por lo general va in crescendo, empieza con ¿sos mi putita? y termina con las más guarangas, en las que interviene hasta tu madre, o la madre de él. Usa mucho la palabra “pija”, para mencionar a su pene. A medida que su deseo crece, su vocabulario elegante decrece. También puede ocurrir que te pida también que digas groserías, y posiblemente pueda pedirte cuáles decir, pues es un catalogo de malas palabras. Es un verdadero pozo ciego parlante, sólo cuando está caliente, o cuando esta haciendo el amor con vos.
El gimnasta: es aquel que gusta de las poses más raras, y te pide que hagas esto y lo otro. Y no es un simple "levantá las piernas", o "pónete de costado". No, nada de eso. De pronto están enredados tal como un nudo marinero. Es un profundo conocedor del Kamasutra, el que leyó varias veces, y al cual quiere incorporar nuevas poses inventadas por él. Toda postura convencional, ya sea arriba o abajo, es algo aburrido y que no lo excita. También puede utilizar para sus propósitos eróticos, bancos, sillones, banquetas y demás. (Si te toca alguno así, conviene ir a tomar unas clases de gimnasia artística.)
El dictador: no deja hacer nada, todo lo dirige, todo lo pide. Quiere que le hagas las cosas que él desea, y no deja nada a tu libre albedrío. Te va dirigiendo, hacia los puntos que le dan placer, y te dice que tocar, que chupar, que acariciar, si te subís o te bajas. Es una especie de relator, que a diferencia de éste, que va relatando lo que te va haciendo, él va relatando lo que le tenés que hacer. También suele importarle un corno si terminaste, si te falta mucho o poco para que llegues a tu orgasmo. Cuando él termina, se termina todo. Y arreglátelas sola.
Para todos aquellos que sientan la palabra “feminista” latiendo en sus labios, quisiera decirles que muy posiblemente también se den las mismas características en las mujeres, pero hasta ahora, y, para desilusión de muchos caballeros, no tengo experiencia en eso.