Nieve en Buenos Aires

Hay cosas que suceden sólo una vez en la vida. Hay otras que pueden suceder muchas más, pero que sólo se viven intensamente una sola vez. Hay veces que el tiempo logra apagar toda la intensidad que se vivió una vez. Y hay otras veces que la intensidad de un momento vive para siempre. La vida está llena de tonalidades, de circunstancias, de encuentros, de desencuentros, de miradas fugaces, de miradas eternas que quedan atrapadas para siempre en ese lugar que muchos nombran alma, en esa porción íntima y secreta de uno mismo.
La vida siempre sorprende. Y yo me dejo sorprender por la vida. No voy a decir que siempre me sorprende gratamente porque mentiría, y tampoco voy a decir que ese dejarme sorprender es siempre pacífico, pues a veces lleva un acto de rebeldía implícito. Ni lo uno, ni lo otro. Pero ayer a la noche, pasó algo en lo que todavía no puedo dejar de pensar. Porque me sorprendió la naturaleza que se obstinó impúdicamente en hacer nevar sobre Buenos Aires. En pincelar la ciudad con un nuevo color. Y si bien la nieve es algo que conozco, y también las nevadas, la ciudad cubierta de blanco era algo nuevo y conmovedor. No podía dejar de sonreír, de mirar para arriba, de estar como una boba mojándome, de querer atrapar con las pupilas el recuerdo de esa noche del 9 de julio de 2007. Los copos en la oscuridad se veían perfectos, blancos, puros, étereos. No podía creerlo.
Habíamos estado toda la tarde en Alvear abajo, en la costa del río en zona norte. Había sido muy bizarro ver caer copos de nieve sobre las palmeras que decoran el lugar, sitio ideal para ir en verano, no unos de los días más helados del año. Había tenido frío toda la tarde, pero no importaba, un buen malbec y buena compañía había obrado una especie de calefacción interior. Cuando nos separamos con mis amigos, uno de los cuales no conocía Buenos Aires, motivo del viaje en un día de mierda a la costa del río, me metí en el subte. Por unos minutos perdí contacto con el fenómeno que asombraba a todos. Desconecté y empecé a disfrutar del calorcito que tanto detesto otros días. Matices, los matices de las posibilidades que dan las cosas, los lugares.
Creo que una especie de realismo mágico se abrió en mí, cuando al subir los escalones que llevaban a la salida del subte, alce la mirada y vi sobre todo ese agujero negro, como los copos caían más que antes, más grandes, más intensos. Sé que fui inmensamente feliz, una felicidad chiquita, personal, intransferible, una felicidad sin costo, ni análisis, directa, vía endovenosa. Así estaba subiendo casi en cámara lenta los últimos escalones, cuando apareció él.
Imposible. Las dos cosas que estaban sucediendo eran tan imposibles que sucedan, como que sucedan juntas. Nevaba en Buenos Aires, y allí estaba él, un hombre al que no veía desde hace diez años. De pie mirándome como si hubiera recortado una figura en la noche. Él quieto, la nieve que descendía cadenciosamente.
En esos instantes que suceden cosas maravillosas no se piensa. No pude hacerlo. Sé que habrán sido segundos, pero el tiempo interior no se mide con relojes. Fue como estar eternizada en esa brevedad, en esa posibilidad de que algo que uno cree imposible de suceder suceda.
A la inercia de la primera mirada y de pensamiento, siguió el alboroto de frases, cómo estás, no lo puedo creer, qué hacés aquí, es loco todo esto. La nieve seguía cayendo y fue el tema que siguió a toda la cataratas de preguntas que terminó en un sincero abrazo. Él había sido una intensa pasión, y ahora se aparecía así, casi sorprendiéndome tanto como la nieve a la ciudad.

16 comentarios:

EL COMEDIANTE dijo...

Una noche verdaderamente digna de ser recordada, al menos, a través de tus ojos. Me alegro por ti.

La primera vez que entré en esta página, hace bastantes meses, la ojeé muy por encima y no me gustó. El motivo no lo recuerdo. Quizá había comido algo que no me sentó muy bien, tal vez no había dormido lo suficiente o tal vez lo hiciera demasiado, o puede que, simplemente, estuviese atravesando una etapa misógina de mi vida. Fuera como fuere, me arrepiento. Llevo ya unos cuantos días pasándome por aquí y he de confesar que me encanta la naturalidad y destreza que mana de tus dedos a la hora de escribir.

Alicia R. dijo...

O sea que la nieve de ayer no fue el único fenómeno extraño ¿Estaremos en manos de los extraterrestres? :-).Un beso.

garrobito_alado dijo...

.Me recuerda mi primera nevada en rusia.. me acoste el dia anterior con un frio que pelaba y toda la noche escuche como que llovia.. al otro dia toda la ciudad estaba blanca, blanca, blanca... el sentimiento de pisar esa nevada virgen me parecia unico..
Claro que con el tiempo... un invierno en rusia es algo no muy recomendable... frio... frio... frio.. hielo.. hielo.. nieve... nieve.. nieve.. y vodka.. vodka... vodka...

Anónimo dijo...

La nevada del 9 de julio no la vamos a olvidar nunca, quedan las fotos como recuerdo, y la maravillosa sensacion del aire helado en mi cara, y el olvidarme por unos instantes que mucho mas helado tengo el corazon.

X'stian dijo...

Me encantó la imagen.

Coincidencia? Casualidad? O causas que desconocemos?

besos

Rodolfo dijo...

María Alicia???? Simple curiosidad...

Anónimo dijo...

Desde que te leo supuse que eras mitómana. luego justifiqué pensando que la literatura es ficción. Si, decididamente, construis universos que nada tienen que ver con la realidad.

MALiZiA dijo...

el comediante, siempre creo que dar segundas oportunidades es bueno. gracias por dármela.

alicia r., estaremos en manos de ellos?

garrobito, usted no deja de sorprenderme nunca... Rusia.

Anónimo, nunca la olvidaremos es cierto.

X'stian, de todo un poco, no?

Rodolfo, frío, frío...

Anónimo/a???? vaya a saber. te aseguro (por experiencia) que las cosas que a veces damos decididamente como seguras, pueden no serlo...aunque no lo creas. Hay múltiples realidades que pueden convivir en el mismo universo, pero no todos las ven.

un beso grande a todos. gracias por pasar.

laqua dijo...

¡ya quiero saber como sigue!
Besos, Mali

Vero Vero dijo...

"Hay múltiples realidades que pueden convivir en el mismo universo, pero no todos las ven".
CLAP CLAP CLAP!! (aplausos)
Malita, adhiero totalmente lo que decis.
Tu relato me encantó, se nota que estas mejor y me alegro de corazón
besosbesos

Your_Little_Cupcake dijo...

MI querida Mali:

Es un delicioso manjar este ppost, lleno de vida, de renacer interior y sobre todo de esa especial felicidad de disfutar lo q la vida t trae, es una cualidad y un don el poder ahcerlo... pero sobre todo ... es un aOPCION personal, me alegra q la tomes, me hace feliz y sonriente leerte especialemtne ahora.

Cuentame mas de esa CALIDA nieve q cayo sobre TI al subir las escaleras. A veces yo tambien he llegado a amar la nieve desde q me mude a canada, auqn me temo no siempre. El incvierno de aca se parece mucho al de Rusia (ujjjjj a veces!), y a veces me encanta ese aire frio q toca mis mejillas.

Besos mil y manten esa actitud tan saludabkle de dejarte sorpernder por la vida.

YLC

Cristibel dijo...

Nunca dejan de sorprenderme tus apasionados escritos.

Yo nunca he tocado la nieve. La he visto sí, desde La Paz, en el imponente Illimani. Pero nunca la he sentido caer sobre mi. Sí la toqué, sí, en un sueño, fue muy real... me llevaba la nieve a la boca, y sentía el frío agradable entre mis manos.

Saludos desde Tiquicia.

Cirulaxio dijo...

Malizia, conoce el trabajo de Cartier Bresson? se lo resumo rapidito: un fotógrafo de principios de siglo, un clásico. Tenía la capacidad de capturar el momento preciso, el hecho resumido en una imagen. Una historia congelada.
Su descripción de la nieve cayendo, el Sr recortado, mirándola a ud. Dos hechos imposibles en un mismo momento. La leí y lo ví así, preciso y contundente.
Realismo mágico le dicen.

Alma dijo...

Ver la nieve fue una experiencia única es cierto, yo también había estado en Bariloche, pero la ciudad nevada fue algo que no me olvidaré jamás.
coincido con Cristibel, tus relatos resultan cargados de pura vida.
beso grande.

Anónimo dijo...

Imaginada Mali:
Espero tu libro.

MALiZiA dijo...

y cualquier día de estos les doy una sorpresa... cuac!