Interruptus. Antes del postre.

Hago un paréntesis, un interruptus en mi relato de lo que pasó en la cena. Mi cabeza se quedó enganchada en el tema del casamiento. Esa noche, no dije ni mú, y salté con un, "lo dejo a su criterio", haciendo la gran Karina Olga. Todos se rieron, y pude safar. Pero la pregunta quedó navegando en un gomón entre mis neuronas.

En algún tiempo de mi vida era la encarnación de la frase de Roberto Galán, Yo me quiero casar, ¿y… usteddddd? De chica me hacia gracia ese nombre, ese hombre, y, por supuesto, esa frase. Ahora podría decir, que también me dibuja una sonrisa en la cara, pero no es lo mismo que cuando era pequeña.
Qué pasa si por desear algo tanto se diluye el deseo, ¿puede suceder eso? ¿Por qué ese "algo" baja del estante de querer al de: la verdad no sé ni tengo ganas, o me da igual; para encajonarse en un: ni pienso?
No sé, en esta época de mi vida, no pienso nunca en la posibilidad de casarme. Es como que borré de mi conciencia esa acción. Algo sucedió cuando pasé los 35.
Fue una década dedicada a buscar al hombre que se pondría un traje de pingüino para llevarme del brazo al altar. Debo reconocer que no fue una búsqueda exacta, ni exhausta, ni tampoco concienzuda, fue algo así como una búsqueda al pedo. Es más ni siquiera, ahora haciendo este análisis, lo llamaría búsqueda, fue como esperar que cayera del cielo un novio que me pidiera casamiento. Búsqueda-nobúsqueda alimentada por varias horas de películas románticas.
Nunca nadie en este tiempo mencionó el trámite legal que uniera nuestras vidas. Y quizás este hecho hizo que yo dejara de mirar para arriba, y mirara más para adentro, de mi, no adentro de boliches, bares y demás.
¿Cómo una mujer abandona el deseo de casarse en menos de una década? Publicidad contramatrimonial, divorcio de amigas, desengaños amorosos, ajuste de cuentas de la sociedad machista, problemas de la economía mundial, hijoputez de los tipos, o simplemente elección personal, cambio de rumbo, y aceptación de que no todo se logra en esta vida. O... , quizás, tal vez, a lo mejor, porque no encontró un hombre para amar. No cualquiera. Ese, ese, ese.
Me vinieron imágenes de esa época en que la palabra "matrimonio", formaba parte de mi vocabulario. Oh, esos treinta años. En un tiempo en que todas mis amigas morían por casarse, debería decir, moríamos por casarnos, volvió al ruedo -luego de casi dos décadas de matrimonio- una que se había casado de adolescente, y ya tenía hijos grandes. Una de las chicas la acercó al grupo de las solteras. Y en ese grupete, off course, ella era la única que había dicho el famoso "hasta que la muerte nos separe".
Y debo aclarar, que no era viuda, la muerte no había separado a nadie en su caso: la separación fue por una infidelidad de su marido, al que sí, querría haber matado, según sus propias palabras, pero no estaba bien dejar sin padre a sus hijos.
Ella siempre ganaba tipos cuando íbamos a bailar, no tenía problema, y siempre terminaba enganchándose a alguien. El secreto: ella en realidad no quería enganchar (anillo, firma y libreta) a alguien, sólo buscaba divertirse. “Es que a ustedes las ven con el vestido blanco, chicas, bajen las expectativas de encontrar un marido”, nos decía Susan mientras se iba a danzar frenéticamente.
Era cierto en el fondo nosotras no buscábamos un compañero de baile, sino un marido, y eso se olía a 100 metros a la redonda. De tanto buscar, nunca encontramos.
Muchas veces sucede que las cosas que se buscan, aparecen solas cuando se dejan de buscar.
Algo así pasó conmigo, ahora Nando pregunta si me quiero casar, pero no me lo pregunta a mí, mirándome a los ojos, ni pienso decir esa pelotudez norteamericana de ponerse de rodillas.
No, se lo dijo a mi tía. Mona dice que en definitiva usó la técnica de la pregunta transitiva, mmmm.
Pero la verdad, Nando, yo ahora, ahora, lo que se dice ahora, pensándolo bien, ya no me quiero casar, ni tengo ganas de hacerlo, y lo digo de verdad, de recontra verdad, no me importa que en mi documento figure soltera, ya pasó esa fiebre matrimonial, casi tanto como la efervescencia vaginal de algunos años de mi vida, y ya estoy harta de que todos me hablen de mi reloj biólogico, me tienen podrida con eso; pero no te lo digo a vos, ni a mi tía, lo escribo aquí, una especie de diario, que nadie de mi familia, y menos vos sabe que tengo. Como reza mi blog, "ni pienso en casarme", porque la verdad no necesito casarme, ni tener papeles, ni montar un show para todos los demás. Yo… ahora, no me quiero casar, ¿y usteddddd?
*
En 24CON está publicado el post Licencia por mal de amores, si quieren pueden pasar a leer y dejar un comentario.
*

La cena de fin de año. El plato principal

No aguante más y con la excusa de llevar la bandeja con las copas vacías me fui a la cocina. Me siguió mi hermana como un perro hambriento, mientras mi mamá pedía a los invitados pasar al comedor.
-Mali, siempre eludiste la charla entre nosotras sobre Martín y vos, pero no me podés negar que algo pasó entre ustedes; ese tipo es un descarado, ¿qué le pasa?
-Qué, qué, qué le pasa, nada… qué le va a pasar- le dije de espaldas.
En el silencio impuesto pensaba, si la miro no aguanto y le cuento todo. ¿Y si le cuento? Hoy es el último día del año, tengo que sacarme un peso de encima. Me di vuelta y mirándola sólo pude decir.
-Curtimos.
Mi hermana abrió la boca, se la tapó con una mano, y no dijo nada. No emitió ni el más mínimo sonido. como si se hubiera quedado muda por arte de magia, o por arte de hermana; la que hizo un ruido enorme de rotura de vidrios fue la copa que dejó caer de su mano.
Así estábamos en estado catatónico las dos, entre cristales rotos, cuando entró el susodicho.
-¿Se lastimó alguien?- preguntó.
Mi hermana me miró, lo miró, y luego dijo por lo bajo.
-Unos cuántos- y se fue de nuevo a la reunión.
Ni una palabra más. Mala decisión. No sentía que me había sacado un peso de encima, sino que me estaba hundiendo más.
Mi hermana se casó con su primer novio, y tuvo cuatro hijos, y nunca tuvo un amante, ni siquiera sé si soñó con tenerlo, éso no entraba en su plan de vida. A veces sentí que envidiaba mi libertad total, tanto sexual, como de trabajo, viajes, salidas, fiestas. Una vida que sé no cambiaría conmigo, para nada. Y no es ninguna pacata, pero el hecho de que yo esté en la misma cena con mi novio y mi amante es algo totalmente procaz para ella. No lo va a entender jamás.
Después de Martín, entró su novia, y tras ellos mi mamá. Y como musicalizando el momento, sonó el "chan" de mi celular.
-No pasa nada, hay más copas. ¿Mali estás bien?, vamos a la mesa, sentémonos a comer que ya falta poco para la medianoche- dijo restándole importancia a la rotura.
Todos le hicimos caso y salimos. En mi teléfono leía el mensaje tan oportuno de Mona.

q onda, llegás viva al 2009? TQM

Mesa de familia con integrante nuevo, mi novio. Como un milagro de San Antonio, esta fiesta no era la única soltera en la mesa. Este año tenía a mi hombre sentado al lado. La tía tiene novio, la tía tiene novio, novio, nooovio. Faltaba una hora para que terminé el 2008, y yo tenía pareja.
-Cuenten cómo se conocieron- dijo mi tía.
-Fue culpa del viento- adelanté y empecé a contar la historia de la tanguita de Argentina.
Martín se puso muy pesado, preguntaba y preguntaba, y decía no creer esa historia. Su novia a cada rato, decía: qué lindo, qué lindo, y mi hermano daba fe de que a mi me podía pasar de todo. Mi hermana ni mú, cara de orto total. A partir de mi confesión había dejado de importarle Nando, para centrar su atención en Martín. No lo perdía de vista.
Y yo tratando de hacerme la boluda, riéndome, pero sintiendo que iba a pasar algo malo, como en una película de terror, en que se muere el malo, pero se sabe que en algún momento ese cadáver va a levantarse, en algún momento va a revivir para dar su último golpe. Así me sentía yo. ¿En qué momento se levantaría el muerto para hacer gritar a todos de terror?
En el brindis, para no perder la costumbre, mi tía no pidió un novio para mí, sino un marido. Tía de mierda. Nando le devolvió la estocada. “Hay que preguntarle a Mali si ella quiere eso”.
Me quedé helada. Jamás esperé que El del cuarto contestara eso. Pensé que lo dejaría pasar, que se reiría con esa mueca forzada, bien de compromiso, que ya había utilizado varias veces en la noche. Pero él me pasó la pelota, y me la dejó para que pateara al arco.
Todos me miraron esperando la respuesta. Pero el silencio me ocupó la mente, y sólo use la risa de molde, forzada, nerviosa, mientras me preguntaba, si quería un marido, si de verdad lo quería.

La cena de fin de año. La entrada.

Prrrrrr. El sonido del portero eléctrico me hizo saltar, estaba colocando las caipirinhas en una bandeja. Atendí. Era él. Ellos. Mi hermanastro y su novia.
-Mierda-dije.
No a ellos, a mí me lo dije, para adentro en mis pensamientos. "Ahora les abren", fue la respuesta que salió a la calle.
-Son Martín y Candy, bajen a abrirles-grité asomando la cara al living.
Dicho todas estas frases, tomé una copa y me la bajé de un trago. Valor, éso es lo que necesitaba.
Es increíble pero al mismo tiempo que yo entraba a la sala con la bandeja con los tragos, hacía su aparición la pareja fantástica. Él muy guapo, y ella como siempre divina.
Por suerte, no es el tipo que le gusta a Nando, pensé. Aunque como me dijo la guacha de Mona, un día que le dije lo mismo, “ella es del tipo que le gusta a todos ”.
Hija de puta Mona, pero tiene razón, la mina es muy linda, para qué negarlo. Y no voy a empezar como hacemos siempre, a descalificarla con otras cosas, como que tiene raíces, que las tetas son operadas, o que el dedo del pie lo tiene torcido. La mina es linda. Punto. Aunque joda.
Y él, y él… cómo me gusta él. Él me miró con una sonrisa, y me saludó con un beso, en la mejilla de lo más familiar. Claro que yo sólo sé, que me agarró con la mano casi todo el cuello por detrás, y la bajó muy sensualmente. En realidad, no sé si sensualmente, eso lo sentí yo; simplemente la bajo, unos centímetros. Que se sintieron como si fueran kilómetros, fue como si me abrieran un cierre relámpago en la piel de la espalda. Cosquillas que retumban en el pubis, aunque estén tan alejados.
Una situación tan placentera como incómoda, con todos allí, con Nando sentado en el sillón, entre mi hermana y Fran, el marido de mi madre. Nando. Nando. Estoy decidida a consumirme en la hoguera, como Juana de Arco, antes que de coger de nuevo con mi hermanastro.
Por eso esta vez las órdenes estaban dadas, las órdenes a las ondas cerebrales, ni bola, ni bola, ni bola, ni bola, lo necesario, lo necesario, lo necesario, que se muera, que se muera. No soy tan yegua, no lo soy, sé que el “que se muera” no es un deseo de muerte real, contundente, imprevista, sino es ese “que se muera” que decimos las chicas cuando sentimos que no podemos controlar la situación, que se muera, que se muera, que si se llega a morir, las que nos moríriamos de un susto seríamos nosotras, porque el que se muera, vendría a ser, cómo puedo ser tan boluda y meterme en este lío, y no pensar un poco más en mí, y decirle que es un completo estúpido, que yo tengo mi valor, y que no puedo ser la segunda, que puedo estar mejor sin él, que se muera es la elipsis tortuosa del “lo mejor es no verlo más”.
Los demás estaban hablando de la crisis y no sé qué. Crisis es la que estaba viviendo yo. Ni sé cómo puede estar con una chica tan linda, y seguir así conmigo. Mirándolos a los dos juntos, no sentí celos sino bronca. Bronca. Mi psicólogo decía que la bronca era un dolor profundo, que como no podíamos mostrarla salía en forma de enojo; en vez de llorar, gritamos, o nos enfurecemos, pero la verdad última es que todo esconde una gran pena. Lo que no podía saber si era pena por haberme fijado en mi hermanastro, por haber dejado que la pasión, y la lujuria, ganasen a la cordura; o por no poder dejar de sentir lo que sentía, por ese hombre que estaba sentado en el sofá de mi mamá, con su novia al lado. Bronca, pena, o no sé que mierda, pero de la sonrisa, que parecía estampada como un smile en mi cara, para adentro.
-Así que vos sos el novio de Mali, pero mirá que te tenía escondido…- le dijo Martín mientras me guiñaba un ojo.
-Es que nos gusta jugar a las escondidas- le contestó Nando.
Todos se rieron, y yo también, qué otra cosa podía hacer. Que se muera.

Continuará...


En 24Con está publicado el post El súper héroe, si quieren pueden pasar a leer y dejar un comentario, too!
*

La cena de fin de año. El cocktail.

Napoleón decía algo así: “si te preparás para lo peor, tendrás más posibilidades de triunfar”. Supongo que se refería a las batallas, porque en mi caso ese dicho fue pura porquería. Y juro que me preparé para lo peor. Lo peor. Pero todo en la cena de noche vieja, como dicen los europeos, resultó una catastrófe. Y de triunfo, ni hablar.
La primera conclusión que saco, es que mi hermanastro es un boludo, y a pesar de eso, yo estoy recaliente con él. Y no me refiero al "recaliente" que usamos los argentinos, como sinónimo de enojo. Sino a la calentura física, corporal, sexual. Atracción fatal. La segunda es que mi mamá no es ninguna tonta, y Nando menos. Y la tercera es que lo peor que pude haber hecho fue llevar a mi pareja- sí, pareja-, a conocer a mi familia. Lo bueno de todo, es que la cena pasó, y quedó incinerada como la caja de fuego artificiales.
Los invitados éramos los hijos de mi madre y su marido, con sus respectivas familias, novios, etcétera (eso lo digo por Nando, que a lo que más se ajusta es a un etcétera), y mi tía Amparo, hermana de mi vieja, que desde que enviudó siempre la pasa con ella. Mi mamá, no sé por qué razón, estaba más radiante, y jocosa que de costumbre. No sé si le había estado dando al brindis desde temprano, o la felicidad venía por su nueva vida, y por reunir a su nueva familia, con hijos propios y adquiridos bajo la ley del matrimonio, porque no dejaba de bromear y reírse de cualquier pavada.
-Hermanita, este año vas a tener que pedir otra cosa para 2009, porque Mali ya tiene novio, ji, ji, ji- dijo mirando a El del cuarto.
Vi como a Nando se le dibujaba una sonrisa, esas de compromiso que lanzamos cuando no podemos decir nada. Pobre, era demasiado conocer a mi mamá, hermana, hermano, tía y demás todo el mismo día y en una fiesta en el las burbujas del champagne liberan la lengua, y entumecen las neuronas.
Pero convengamos que el hecho de que luego de varias años me caiga a una fiesta familiar con un señor del brazo, es algo que no se iba a dejar pasar, porque en cualquier familia quizás con un dejo de vergüenza, podría ser, pero en la mía, no. Esa palabra fue sacada de un plumazo (o corchazo, dada las circunstancias) del vocabulario. Mi familia es muy así, de decir lo que piensa, y lo que en este momento me puede parecer desfachatado, en otro me pareció liberador, pero en fin el pobre Nando era el centro de atención, mucho más que el año que iba a comenzar.
Mi hermana soltó a su prole, como siempre, y se sentó al lado de Nando, ya lo conocía pero sólo así de pasada, hoy era el día en que estaba decidida a enterarse hasta qué tipo de calzoncillo le gusta, si slip o box. Yo miraba el reloj, todavía no habían llegado los hijos de Fran, el nuevo marido de mi mami, o sea, todavía no había llegado mi hermanastro. Que en definitiva era el que menos quería que conozca Nando.
Con toda esta situación, sentía que me había puesto el corset de María Antonieta, parecía que el aire se quedaba a medio camino. Y que el corazón iba a derrapar, en cualquier momento. Para huir de la situación, abandoné el living, lo dejé a Nandito, con mi hermana que lo acribillaba a preguntas y me fui a la cocina.
Justo estaba preparando unos tragos, con una botella de caipirinha que me había traido de Buzios, cuando suena el típico: CHAN (golpe de gong chino, no de Petinatto, plis) de mi celular, que por supuesto había dejado en el living.
-Mali, te suena tu celuuuu- gritó mi hermana.
-Mensajes de fin de año-dije yo, mientras iba corriendo a buscarlo.
Pero no era el típico: Feliz 2009, lo mejor para vos, buen año, o que todos tus deseos se cumplan, no, nada de eso. Las palabras daban cuenta de otro deseo.

Por fin voy a conocer a tu novio

No le contesté, y seguí con el mortero dándoles a los limoncitos verdes con toda mi fuerza. Mi hermanastro estaba a minutos de entrar en escena. Pero, eso es otro capítulo.

En 24CON está publicado el post No te metas con su mami, si quieren pueden pasar a leer, y dejar un mensajito. Gracias.