Hago un paréntesis, un interruptus en mi relato de lo que pasó en la cena. Mi cabeza se quedó enganchada en el tema del casamiento. Esa noche, no dije ni mú, y salté con un, "lo dejo a su criterio", haciendo la gran Karina Olga. Todos se rieron, y pude safar. Pero la pregunta quedó navegando en un gomón entre mis neuronas.
Qué pasa si por desear algo tanto se diluye el deseo, ¿puede suceder eso? ¿Por qué ese "algo" baja del estante de querer al de: la verdad no sé ni tengo ganas, o me da igual; para encajonarse en un: ni pienso?
No sé, en esta época de mi vida, no pienso nunca en la posibilidad de casarme. Es como que borré de mi conciencia esa acción. Algo sucedió cuando pasé los 35.
Fue una década dedicada a buscar al hombre que se pondría un traje de pingüino para llevarme del brazo al altar. Debo reconocer que no fue una búsqueda exacta, ni exhausta, ni tampoco concienzuda, fue algo así como una búsqueda al pedo. Es más ni siquiera, ahora haciendo este análisis, lo llamaría búsqueda, fue como esperar que cayera del cielo un novio que me pidiera casamiento. Búsqueda-nobúsqueda alimentada por varias horas de películas románticas.
Nunca nadie en este tiempo mencionó el trámite legal que uniera nuestras vidas. Y quizás este hecho hizo que yo dejara de mirar para arriba, y mirara más para adentro, de mi, no adentro de boliches, bares y demás.
¿Cómo una mujer abandona el deseo de casarse en menos de una década? Publicidad contramatrimonial, divorcio de amigas, desengaños amorosos, ajuste de cuentas de la sociedad machista, problemas de la economía mundial, hijoputez de los tipos, o simplemente elección personal, cambio de rumbo, y aceptación de que no todo se logra en esta vida. O... , quizás, tal vez, a lo mejor, porque no encontró un hombre para amar. No cualquiera. Ese, ese, ese.
Ella siempre ganaba tipos cuando íbamos a bailar, no tenía problema, y siempre terminaba enganchándose a alguien. El secreto: ella en realidad no quería enganchar (anillo, firma y libreta) a alguien, sólo buscaba divertirse. “Es que a ustedes las ven con el vestido blanco, chicas, bajen las expectativas de encontrar un marido”, nos decía Susan mientras se iba a danzar frenéticamente.
Era cierto en el fondo nosotras no buscábamos un compañero de baile, sino un marido, y eso se olía a 100 metros a la redonda. De tanto buscar, nunca encontramos.
Pero la verdad, Nando, yo ahora, ahora, lo que se dice ahora, pensándolo bien, ya no me quiero casar, ni tengo ganas de hacerlo, y lo digo de verdad, de recontra verdad, no me importa que en mi documento figure soltera, ya pasó esa fiebre matrimonial, casi tanto como la efervescencia vaginal de algunos años de mi vida, y ya estoy harta de que todos me hablen de mi reloj biólogico, me tienen podrida con eso; pero no te lo digo a vos, ni a mi tía, lo escribo aquí, una especie de diario, que nadie de mi familia, y menos vos sabe que tengo. Como reza mi blog, "ni pienso en casarme", porque la verdad no necesito casarme, ni tener papeles, ni montar un show para todos los demás. Yo… ahora, no me quiero casar, ¿y usteddddd?










