Si digo que odio a San Valentín, ¿me excomulgarán? Es que en realidad el pobre santo sobre el que se ha armado la parafernalia del amor, no tiene la culpa, y no hay nada que indique que, si viviera, apoyaría el marketing que rodea a la celebración de los enamorados.
El Valentinus, la contra fiesta del amor
Ojos bien cerrados
Ni hice el más mínimo movimiento seguí como estaba, abrazada a él, con la cara hundida en su pecho, con los ojos bien cerrados, sin alterar mi respiración, sedada con los efectos del alcohol. Pasó algo entre vos y Martín. Sus palabras retumbaron en mí, pero no hice nada, ningún reflejo que denote mi transformación interna. Ni abrí los ojos, menos la boca, seguí en la misma posición. El silencio que había en la habitación se rompía por momentos con alguna que otra explosión que sonaba a lo lejos, como gastada por la distancia. Él no volvió a hablar. Y yo aflojé mi abrazo como si me hubiera dormido.
Cuántas veces me encontré hablando sola, mientras él se quedaba dormido. Nando tampoco hizo nada, no me volvió a decir esas palabras, ni me sacudió, ni siquiera dijo, estás dormida. Nada. El silencio se hacía tan negro como la oscuridad del cuarto. Siguió abrazándome, y poco a poco se fue relajando, alejándose del mundo real. Recién cuando escuché su ronquido profundo, que indicaba el sueño, abrí los ojos. Me quedé mirando el techo. No podía dormirme. Pensaba qué contestar. La verdad o una mentira, o responder con otra pregunta, dicen que a veces eso sirve.
No podía decirle la verdad, no me animaba.
No quería perder lo que todavía no estaba asentado. Lo que ni sabía cómo iba a seguir. Dos meses casi conviviendo, durmiendo juntos, pero sin hablar del futuro. Sin planear nada más que su rehabilitación. Yo no preguntaba qué pasaría cuando su tibia y peroné estén perfectos. Y él no hablaba al respecto. Era como un acuerdo tácito entre los dos, no hablar del mañana. Vivir el presente, un presente que nos mantenía unidos.
En un momento se dio vuelta, tosió un poco, pero siguió durmiendo, yo me deslice muy felinamente de la cama, sin hacer ruido, midiendo cada paso, como si fuera un espía en una misión secreta, me sentía muy mal, el caminar sutilmente era casi un sacrificio. Fui hasta el baño y me encerré, llevé mi celular, necesitaba hablar con Mona. Sabía que era tarde pero seguro que no se había acostado, estaba en una fiesta con Loli y su novio.
Marqué, el teléfono sonó, pero no contestó. Le mandé un SMS.
Estoy en el horno, N sospecha de M
No me contestó, seguro se había puesto en pedo, nada raro en ella. Estuve un rato sentada sobre la tapa del inodoro. No sabía qué hacer, me sentía perdida, dentro de un laberinto. Me acordé cuando mi papá me llevó al de Los Cocos en Córdoba. Fue el único laberinto al que fui en mi vida, había un tipo, parado que te indicaba para donde ir, si veía que tardabas en salir, pero ahora no había nadie, ni siquiera Mona para decirme por qué lado salir.
Apagué el celular y volví a la cama. Nando estaba completamente dormido, roncaba a dos voces. Me acosté a su lado, lo abracé, y me quedé así, pensando si mañana cuando se despertara me volvería a decir lo mismo. Esa noche decidí que no le diría qué pasó entre Martín y yo.
*
La frutilla del postre
Todos vinieron corriendo, en el lío de platos que se iban llenando de miles de calorías y gente que entraba, me fui al baño. Me sentía terrible, no quería llorar, pero tenía la garganta cerrada, sabía que sólo llorando aflojaría la angustia, pero no podía hacerlo. No quería hacerlo.
Me senté en el inodoro y empecé a respirar muy lentamente, tratando de calmarme. Tomo el aire, lo llevo a la panza, lo dejo ahí, cuento, uno, dos, tres, y lo largo despacio por la nariz. Traté de que mi respiración volviera a estar bien. Qué tipo de mierda, por qué no me dejaba en paz. Y si estaba loco, y si me arruinaba todo. Después de todo era verdad, yo no era la novia de Nando cuando estuve con él. Yo no lo había engañado a Nando. Y no lo pensaba engañar. Además que cínico, él estaba con su novia, cómo puede ser tan posesivo de lo ajeno.
No, no lo pensaba engañar, pero entre todos estos pensamientos, se filtraba su miembro apretándose contra mí en el saludo, y si con mi mente rechazaba todo contacto físico con él, mi cuerpo recordaba ese mínimo contacto, que fue suficiente para trastornarme. Sé que sentí deseo, un deseo raro, mezclado con bronca por sentirlo. Era un asco. Me vino una arcada, pero no vomité. El champagne empezaba a devastar mi estómago. Mi hermanastro devastaba mi conciencia. Necesitaba estar más tranquila.
Tomo el aire, lo llevo a la panza, lo dejo ahí, cuento, uno, dos, tres, largo despacio por la nariz. Mi respiración estaba más calmada, pero mi mente seguía a mil. Encima mi vieja de algo se dio cuenta, ese comentario, ese remarcar que este año me casaba, y lo encantador que era Nando. Dios mío, no quería que nadie lo supiera, si mi hermana le contó la mató, pero no creo que mi hermana le haya contado, no, mi hermana no iba a contarle, por lo menos no hoy. No le va a arruinar la cena. Tengo que decirle a mi hermana que si le cuenta, la mato. Y no es una amenaza, es un hecho.
Me golpearon la puerta del baño.
-Ya salgo, un minuto por favor-contesté parándome muy lentamente.
Me miré al espejo, me arreglé un poco el pelo, y salí. Candy estaba ahí. Linda, radiante, un poquito borracha, pero hasta el pedo le quedaba bien. Me dieron ganas de decirle, pedazo de boluda, tu novio se acostó conmigo, -o debería decirle, yo me acosté con él-, y recién me apoyó su miembro delante de vos, ¿pedazo de boluda?, ¿quién era la boluda? Se ve que ella no lee la mente.
-Mali, ¿te sentís bien? Tenés una carita… - me dijo tocándome la mejilla.
-¿De boluda o de hija de puta?- me dieron ganas de decirle, pero opté por algo más polite -No acostumbro a tomar tanto, me siento un poco mal.
¿Un poco?, me sentía muy, pero muy, extremadamente mal, y el espumante no tenía nada que ver.
Mi mamá me encontró recostada en el sillón del living, y me preguntó.
-¿Mali que pasó con Martín? ¿Por qué le contestaste de mala manera?
-Sabés me tienen podrida con el casamiento, fue por eso.
-Ah, el casamiento… -dijo y se fue al comedor.
Por suerte la cena de fin de año terminó sin más consecuencias, esquivé a mi hermanastro por todos los medios, si él venía, yo salía, parecía un vaudeville, no intercambie ni más miradas, ni palabras. Besos a todos y huida en taxi, con Nando por supuesto. Llegamos y fuimos directo a la cama. Yo necesitaba dormir, y ni tenía ganas de hacer el amor. Nos abrazamos y nos quedamos así un rato en silencio, podía sentir la respiración de Nando, y hasta la percusión de su corazón.
-Pasó algo entre vos y Martín - dijo Nando rompiendo el silencio.
En menos de cuatro horas tres personas habían pronunciado las mismas palabras. Pero esta vez no estaban en una oración interrogativa. Era una perfecta afirmación.
Tomo el aire, lo llevo a la panza, lo dejo ahí, cuento, uno, dos, tres, y lo largo despacio por la nariz.
*
La cena de fin de año. El postre
Mi tía sólo da crédito al inicio del nuevo año a través de la radio. Por eso, como todos los años, encendió la que tenía mi mamá en la cocina, esperando el ppppiiipiii que marcaría que el 2009 ya había empezado. Mis sobrinos cada dos segundos preguntaban cuándo empieza -pareciéndose mucho al burro de Shrek, ¿cuándo ameritamos?-, lo único que les importaba era encender las bengalitas y tirar cohetes .
Nando se puso a conversar con mi cuñado, mi hermano estaba abriendo una caja de habanos cubanos. Es una costumbre de mi familia, mientras las mujeres nos llenamos supersticiosamente con las 12 pasas de uva, ellos encienden sus puros de gran vitola, que fuman durante la primera hora del nuevo año. Ni sé cuándo empezó pero es así. El olor de la pólvora mezclado con el de los cigarros cubanos es algo que siempre estuvo en mi vida en las fiestas de fin de año.
-¡Las doce, las doce, feliz año nuevo!- entró gritando mi tía, exagerada como siempre, y fue directo a abrazar a su hermana.
Ése fue el puntapie para comenzar el ritual de pasar de uno a otro abrazándonos, muy efusivos, y deseándonos los mejor.
Pero yo no lo abracé, ni me dio tiempo, él me abrazó muy fuerte y me dijo al oído, “lo mejor para vos soy yo”. Yo escuchaba esto, apretada por sus brazos, sintiendo su miembro sobre mi cuerpo, mientras que por su hombro miraba a su novia que saludaba a mi hermano. La próxima en desearme feliz año sería ella. Me solté como pude, y no le dije nada.
Ese tipo estaba loco. Y yo también, porque el sólo contacto con su cuerpo, me había hecho alterar la respiración. Me provocaba, y él lo sabía. Maldita atracción fatal. "No me va a tocar, nunca más", pensé mientras saludaba a Candy. Pobre Candy, pensé mientras le decía, feliz año.
Brindamos todos por un excelente año, yo no miré ni una vez a Martín. Creo que si lo miraba me ponía a llorar. Cuando terminó la ronda de saludos, me quedé con Nando abrazada, y le dije que lo amaba. Era la primera vez, creo que más que decirselo a él, necesitaba decirmelo a mí. Lo besé adelante de todos. Él me dijo, yo también.
Los chicos salieron a prender sus bengalas, Nando fue con ellos y mi hermano, Fran los acompañó también. Mi mamá, mi tía y mi hermana se levantaron para servir los postres. Quedamos Martín, su novia y yo sentados alrededor de la mesa. En un momento Candy se levantó, y quedamos los dos. Silencio mortal.
-¿Estás jugando a la buena novia?
-No estoy jugando a nada. Ni quiero jugar-le dije sin mirarlo.
-No puedo creer que no me contaste lo de tu novio.
-¿Y cuándo te fuiste a Marruecos?
-Tampoco.
En este punto de la conversación se levantó de la mesa y vino hacia mí, yo me quedé inmovilizada. Tenía miedo de lo que hiciera, el tipo tenía unas copas encima. Se agachó y se puso como para darme un beso, así cerca mirándome a los ojos, si entraba alguien de atrás pensaría que me estaba besando. Así casi rozándome la mejilla, me dijo:
-No te creo.
-Ni me importa- le dije empujándolo.
-¿Qué no te importa querida?- dijo entrando mi mamá con el postre.
-Nada, má le decía a Martín que a mi no me importa casarme ahora. No me importa- le volví a decir ahora mirándolo a los ojos.
-Mali, ¿vos estás loca?, una vez que conseguís un hombre como Nando, no le hagas caso Martín, yo te digo que este año hay boda en la familia.







