Firme propósito

Lo dije una vez. Pandora abrió la caja, Eva no pudo quedarse con las ganas de comer la fruta prohibida. Simplemente curiosidad. Barba azul, les decía a sus esposas: “puedes ver todo menos aquella habitación”, y pum, ellas, obviamente, iban a esa habitación y adiós vida, es que el malvado asesino sabía que decirle a una mujer "no mirés eso es abrir una puerta hacia la curiosidad.

Mucho pasado curioso, pero esto volvió a mi mente porque hoy me di cuenta de que Nando ya no tiene clave en su computadora. Una vez cuando él estaba viviendo afuera y yo me encargaba de regarle las plantas de su departamento, tuve el impulso de fisgonear en su PC, pero esa vez la tenía con clave. Ahora, no.
Tuve que usarla por un rato, la encendí y listo, ahí estaba todo su escritorio, con los íconos, una foto de una calle en la India como pantalla. Toda su PC a mi alcance. Se me rompió la mía, y tenía que entregar algunos trabajos. "Usá la mía", me dijo. Por eso me vine a su depto, en realidad no vine, sólo tuve que levantarme de su cama, y caminar hacia el escritorio. Él está viendo una película todavía entre las sábanas. Y yo acá en pleno debate moral conmigo misma.
Maldición por qué estas putas ganas de hacer un poco de Gran Hermano para conocer la vida del otro. Por qué esa maldita manía de querer encontrar el monstruo detrás del príncipe. Tengo todo un ejércitos de duendes curiosos, emborrachándose con mi adrenalina, diciéndome: ¿por qué no hurgás en su e-mails, después de todo el Outlook no necesita clave. Pero también tengo mi experiencia de vida, que me dice que lo peor es meterse en la vida del otro. Meterse sin permiso, como el espía más asqueroso del planeta.
Ya me pasó una vez, debería haber aprendido. Por qué el hombre es el único animal que se equivoca dos veces. Soy tremenda, pero está vez no piso el palito. Noooo, señor.
Por eso, me olvido de mis antecesoras en los anales de la curiosidad femenina. Dejo de pensar en Pandora, y en la mísmisima Eva, no Duarte, sino la legítima de Adán, y más bien me concentro en todas las señoritas que pasó por el cuchillo el precesor de los Pitufos, leáse Barbazul, y respeto la privacidad de mi hombre, que no tiene barba, no es azul, y por lo que sé no asesinó a nadie.
“Por Dios, qué nunca me dé un ataque de ansiedad (¿o inseguridad?) y quiebre mi firme propósito de hoy”, pienso en el mismo instante que coloco este punto final, en este escrito que oficia de contrato contra mi propia curiosidad.

Alas en la espalda

Hoy hablé por primera vez con Nando sobre nuestro futuro. Hablé sin parar, como si me hubiesen enchufado a alguna red eléctrica, o me hubieran puesto la pila del conejito rosa. Tenía necesidad de contarle todo lo que me pasaba, de mis momentos de paz, y de otros en que me veía zozobrando en medio de una sudestada en el Río de la Plata, de mis inseguridades cuando pensaba que su pierna estaba casi bien. Nunca hablamos de esto, por lo menos, nunca le había hecho mención del tema. Era como un acuerdo tácito no hablarlo, un acuerdo que decidí romper de manera unilateral.

Él me miraba y me escuchaba, y no me interrumpía, quizás yo no lo dejaba tampoco, ya que había pocas comas, y ni un punto y aparte en mi conversación. No, no era una conversación era un verdadero monólogo. Donde él estaba sentado en mi sillón blanco, y yo cerquita, me hundía entre los almohadones, que me hacían una especie de contención soft.
Hace días que estaba pensando en que en algún momento teníamos que hablar, pero claro, no iba a usar el temido “tenemos que hablar”. Después de todo, ese “tenemos” suena tan a obligación, y prefiero siempre decir, quiero hablar con vos, o necesito hablarte. Serán todos los años de terapia, pero erradiqué - o casi- la palabra "tener" de mi vocabulario. Cada vez que aparece un “tengo” colado por ahí, viene con el acompañamiento, en do mayor, de la voz de mi psicólogo diciéndome la fórmula: “tengo igual a debo, debo igual a obligación”. Quiero, quiero, quiero, usá el quiero.
Esta vez no "tenía" que hacerlo, sino que era una necesidad, no quería seguir colgada de la expectativa de que un hueso no sane más (qué horror) para que El del cuarto siguiera a mi lado.
Por eso, cuando empecé a hablar no paré. Y recién cuando terminé de decirle todo lo que sentía, quería, necesitaba, pude hacer un profundo silencio, que vino precedido de un más profundo e intenso suspiro.
-Te llevaste todo el aire- me dijo él abranzándome.
Éso necesitaba, el abrazo, tierno, protector, alrededor de mi cuerpo. Cuánto ansiaba, casi con temor, escuchar su respuesta a mi pregunta de qué iba a hacer cuándo le den el alta.
-Quiero vivir aquí entre nuestros dos departamentos, quiero quedarme con vos- me dijo mirándome de una forma tan íntima, tan invitadora.
Algunos dicen que cuando una mujer derrama una lágrima nace un ángel en el cielo, si esto es cierto, yo habré dado vida a varios querubines en toda mi vida. Pero esta vez sentí que las dos alas no crecían en un ángel, sino en mi espalda, y no era por llanto sino por felicidad. Y al desplegarlas me elevaba, me elevaba y desde arriba veía como hacíamos el amor Nando y yo, fundidos entre los almohadones, que iban cayendo uno a uno al piso, para gozar sin ningún apuro, y sin ninguna maldita presión.

El destrato

-Tendríamos que buscar al mozo buen mozo, hace mil que no volvimos por ahí- dijo Mona suspirando, recordando al rubiecito uruguayo que nos movía el piso a varias, pero que no movió a ninguna fehacientemente.
Es cierto no sé por qué desde que El mocito se cambió de trabajo, no sólo abandonamos el restó en que él trabajaba, sino que nunca fuimos al otro. Vicisitudes de mujer.
Últimamente estamos retomando las salidas de chicas solas. Volvieron las cenas que empiezan con la mejor intención de mantenernos en dieta, que se abandona iso facto, cuando una dice: “Y si pedimos las papitas con salsa fundida de quesos para ir picando…”. Lo bueno es que la culpa dura lo que tarda en comerse un volcán de chocolate.
Anoche nos juntamos a cenar, en Palermo Soho, conViole y Mona. Mi relación con Nando sigue. Lo cual es todo un éxito, y no le agrego ningún adjetivo, sólo sigue. Creo que los dos optamos por callar lo de mi hermanastro; tanto él, como yo, no volvimos a tocar el tema, aunque está, como un cumulus nimbus, sobrevolando la relación. Pero por ahora el parte del tiempo es despejado, con vientos favorables para el amor. Estoy cogiendo mucho, con mucha pasión, y con cariño verdadero. Esa ternurita que no se compara al mejor polvo con un desconocido. Y además estoy cocinando, y engordando.
Por qué la puta madre el amor engorda. Es fija, que si todo va bien, ese incremento de felicidad es como si pesara, y se nota en la balanza. Bueno y también serán la pastas e hidratos que se comen en honor a fueron felices y comieron… tortas y facturas con dulce de leche. Nada de perdices, por supuesto.
La que no la está pasando un buen momento es una amiga de Mona, una chica a la que todas conocemos, y con la que hemos compartido alguna que otra reunión.
-Y le dijo al tipo, que ella sufría de “destrato”. Así de una - contó Mona.
-Uauuu qué buena palabra “destrato”, que sería…: no trato, …-completó Viole
-Sí, Viole tal cual, cuando te ningunean, te dicen que esto y que lo otro pero al final reculan, y terminan con que no quieren compromiso, nos “destratan” los hijos de puta- aclaró Mona
Es cierto hay tipos que nos ejercen el destrato, pero lo peor es que nosotras lo aceptamos. Caemos en esa dimensión en que nada existe, no existe relación, ni proposiciones, no existe el mínimo compromiso, y hasta no existe lo free, porque todo se maneja en una nebulosa, y la que siempre esta dispuesta a verlo, ir, coger, acceder es la chica. Y, si alguna vez, es ella la que toma la iniciativa, y lo invita o lo llama, el tipo dice: "Ah.. no hoy no puedo, nos hablamos gordi tengo que jugar a la casita robada con mi amigos". A veces pienso que no es problema del destratador sino de la destratatada. Hay que decirles que se vayan ellos con su destrato a la reverenda mierda.
-Quieren nada más que cogerte, pero cuando ellos quieran, incluso el tipo le pone de qué hora a qué hora- siguió contando Mona.
-Bolu, como si fuera una fiestita de un chico, de 3 a 5, de 6 a 9, dejáte de joder, eso sí que es destrato- le contesté indignada.
-El destrato es un porquería nuclear, pero.. ¿no es peor cuando conocés a un tipo que te gusta y te dice: no te enamorés de mi? Por Dios, pedazo de sorete deja que yo me enamoré o no de vos, qué me tenés que decir lo que tengo que hacer con mis sentimientos -arremetió Monita, mientras le entraba al helado de chocolate con verdadera furia.
-Ay, Mona, sabés que es lo peor cuando te dice eso, que cuando terminó de decir “mi” ya estás enamorada. Qué boludas que somos.
Y eso lo dije anoche, y lo vuelvo a decir ahora. ¿O no?