Sé que la vida sigue aunque termine el año. El fluir continuo de la sangre en el espacio de cada uno. No pienso que tengo que respirar, sólo lo hago. Sé que respiraré aunque no me lo proponga. La vida es una eterna sucesión de días, de ayeres y mañanas, pero sobre todo de hoy.
De hoy que no tiene plural, quise ponerlo pero no lo encontré, porque sólo hay uno. Sólo hay un hoy. Hoy te veo, hoy quiero, hoy amo, hoy río, hoy sueño, hoy me despierto, hoy te llamo, hoy gozo, hoy soy yo. Hoy respiro, aunque no me lo proponga.
Sólo hoy lo hago, porque después de este instante ya no será ahora, sino recién, hace un tiempo, hace siglos o segundos. Será ayer. Para el caso es lo mismo, luego de hoy ya todo entra en tiempo pasado, perfecto o imperfecto. O en posible futuro. Imperfectamente perfecto.
Ayeres, y mañanas hay muchos, felices, tristes, inolvidables, dolorosos, sorpresivos, acalorados, sinceros, opacos, esperanzadores, hay tantos ayeres de todo color y tipo; hay tantos, mañanas que no existen todavía sino en el deseo de cada uno.
Hay tantos mañanas como el primer día del nuevo año que empezará como empezaron todos los otros. La vida seguirá para algunos cuantos, los días esperarán uno tras otro para ser vividos, agrupados en racimos de minutos y segundos, apelmazados de recuerdos. Las horas esperarán para convertirse en historias cotidianas, historias que escribirán algunos tantos, o algunos pocos, pero que serán vividas por cada uno de los mortales. Que pasarán a ser los muchos ayeres. Que serán, como dijo Borges, los muchos ayeres de la historia hoy detenida y única.
Hoy no tiene plural
Bomba de fin de año
Con las chicas nos juntamos a despedir el año, somos muy desfachatadas, porque en realidad no necesitamos un motivo para hacerlo. Digo, juntarnos. Pero bueno dado el espíritu festivo que hay por todas partes, y dado que me habían enviado un presente con muchas burbujas de alto alto precio, qué mejor que brindar con nuestras amigas, las que nunca nos fallan.
Ya cuando estábamos destripando al nuevo amor de Mona, otro más y van…, esta chica no sienta cabeza, Loli, dice que tiene algo importante que decirnos.
-¡Te casás!- le gritamos todas.
- Sí, me caso, pero hay otra cosa…- contestó Loli con la mirada más dulce que le vi desde que la conozco.
-¡¡¡Noooooooooooooo!!!-gritamos otra vez, pero más eufóricas.
-Chicas, estoy embarazada-y en cuanto se escuchó el "ada" final se puso a llorar.
Ella y nosotras también. Mejor cierre para este año no podía ser. La primera de nosotras que espera su bebé.
Imaginense cuatro amigas preguntándolo de todo, Mona la más guarra, obvio.
-¿Looo te acordás si quedaste embarazada arriba o abajo?
-Mona dejate de joder con tus ideas locas, qué importa cómo quedó, lo importante es que quedó- le dijo Violeta.
Ahí fue que Mona dio una clase magistral de cómo hay que coger para tener varón o mujer. Según ella, datos “súper científicos” aportados por su bisabuela, abuela, madre, etcétera. Se los resumo:
* arriba: mujer;
* posición misionero, por detrás o parada, o recostarse luego de hacer el amor un rato: varón.
-¿O sea que en tu familia el sexo en todos los embarazos se dio porque lo hacían arriba o abajo... o parados?-le preguntamos incrédulas.
-¡¡¡Claro!!!- dijo Mona, muy segura de toda su teoría de la posición para engendrar varón o mujer, después de todo era algo de su herencia familiar.
Loli no decía nada en medio de ese cotorrerío infernal, con aportes muy guarros de todas. Hasta que en un momento, la más lady de todo el grupo lanzó un grito que nos hizo callar a todas.
-¡Mona, puta putísima, este momento es mío, no me saqués protagonismo, por favor! No tengo idea de si lo hice arriba o abajo, de costado, o hasta parada, lo único que sé que estoy embarazada. Y tampoco me importa si es nena o varón.
Mona hizo mutis por el foro y tiró al centro un tímido “brindemos”.
Todas brindamos con champagne bien francés y bien caro, que vino de arriba claro. Bueno, Loli lo hizo con Sprite Zero, porque no es cosa de que esté tomando alcohol en su estado.
Mientras las miraba desde la cocina como charlaban y tiraban lista de nombres para varón y nena, juro que se me cayó una lágrima. No era tristeza, era emoción, era saber que con ese embarazo empezaría una página nueva, y también distinta, en nuestras vidas. Y sentí ganas de que, aunque no sea una enfermedad, me contagie ese espíritu maternal que a veces siento que no tengo.
*
El nuevo hombre de Mona
-Los cactus traen mala suerte- sentenció Loli mirando unas macetitas con algunas plantas de esa especie.
-No seas pelotuda Loli, la mala suerte se la traen a los productores si no los venden. A mi no me vengan con toda esa idiotez de la mala suerte de las cosas, antes decían que las petunias, o los caracoles… ¡poooor favorrrrrrrrr!- dijo Mona internándose en el sector de las cactáceas.
Habíamos ido a un vivero el sábado por la tarde porque Mona quería comprarse algunas plantas para su balcón. Yo, como ya lo saben, sigo asesinando plantas en contra de mi voluntad, no sé por qué… les hablo, las riego y las quiero, pero igual se me mueren. Se ve que no tengo “mano verde” como dice mi vieja, que cada vez tiene más tupidas sus macetas.
-¡Já! Ésas no se te mueren seguro, le dicen: "lengua de suegra"- me dijo Loli.
-Sansevieria thyrsiflora- corrigió el señor.
-Demé una, que si soporto la lengua de mi suegra y no la maté todavía, seguro que esta planta también me dura.
Estábamos husmeando entre los pasillos del vivero cuando un grito monístico nos hizo dar vuelta la cabeza.
-!Lo encontré, encontré a mi amor! ¡Aquí está chicas, vengan por favor! – gritaba Mona desde el fondo del vivero, desde el lugar destinado a los cactus.
La imagen que vimos nos hizo reír a más no poder, un enorme ejemplar muy verde y muy fálico, el más grande de todos estaba adelante y la carita de Mona detrás, una composición que no podía resultar más bizarra.
-Mirénlo, me enamoré al instante, miren como se alza derechito, viril, este es mío. ¡Me lo llevo!
Echinopsis peruviana, ése es el nombre del cáctus que se llevó Mona, claro que ella lo bautizó, Rodolfo. No sé por qué, dijo hacerle recordar a uno que se llamaba así.
Hace unos días fui a visitarla y había puesto a Rodo en una coqueta mesita blanca.
-¡Cómo el primer día! Cuando entré con él al departamento, le dije, “ahora sos el hombre de la casa”. Mirálo, ¿no es divaine?- me contestó Mona revoleando los ojos.
-Sos un aparato, ¿y qué vas a hacer con todas las espinas que tiene tu nuevo hombre?
-Mali, en qué relación no hay espinas, a este por lo menos se las ves todas. Están a la vista, darling. Y por lo que se ve... no tiene problemas de erección.
Mientras me reía de sus ocurrencias, lo miré. Allí estaba rodeado de piedritas blancas, verde, firme y alzándose al techo orgulloso. Una perfección del mundo vegetal.







