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Mis quitapenas

Ayer cuando me reuní con las chicas sucedió algo. Es cierto eso que me dijo Vicent, que entre post y post crecía 25 metros el Perito Moreno. Me di cuenta de cuántas cosas no saben qué pasaron porque no se las conté, como que Loli tiene a su beba, sí es un nena, otra para el clan, pero al final no se casó todavía, está en eso; que Violeta se enamoró casi por primera vez, pero que él la dejó hace unos días, y ahora está mal; que Mona me tiene prohibido contar nadam vieron cómo es ella de supersticiosa (sí vos, no lo podés negar). Pasaron tantas cosas en este último tiempo, como seguramente les habrán pasado a ustedes, la vida tiene eso, como decía mi terapeuta, "nunca golpea la puerta, siempre entra por la ventana". Y la vida nos entró por las ventanas de todas. Y vaya si entró. Pero bueno, de a poco iré poniéndolos al día, como cuando nos encontramos con viejos amigos, y nos vamos enterando de qué cosas pasaon en todo esos años que no nos vimos.
Ayer, Mona volvió de su viaje por Centroamérica, y el regreso ameritaba una "cenita de chicas" como siempre decimos. En medio de la comida, regada por historias delirantes de su viaje, en el que fue acechada por un uruguayo casado, que no entendía las palabras, "no quiero nada con vos", y por navegaciones en lagos que la levantaban a las 5 am, en medio de esas charlas, desordenadas, adrenalínicas y llenas de onomatopeyas, empezó a preguntarnos a una por una, si teníamos una pena.
¿Una pena? Claro, quién no tiene una pena tirada por algún rincón del corazón.
Muy misteriosa saco unas cajitas muy diminutas de su cartera y nos la entregó a cada una. “Son quitapenas”, nos aclaró.
Abrimos las cajitas y aparecieron unos más diminutos muñequitos, eran 6, de diferentes colores. Tiernos, muy tiernos.
-Tienen que contarle sus penas y luego ponerlos debajo de la almohada, mientras duermen ellos se llevarán las penas- nos explicó.
Este momento fue el punto culmine de nuestras onomatopeyas. ¡Aaaaaaaaaaaaaayyyyy! Qué linduritas. Mona pensó en curarnos las penas y nos trajo un souvenir de su viaje para que suceda con algo tan milenario.
No sé si porque siempre hablamos de hombres, los que trajo son todos hombrecitos, me enteré que también hay de mujeres. Son originarios de Guatemala. Dicen que fueron creados para los niños que no podían dormir, por eso debían contarle sus problemas al muñeco y guardarlo bajo la almohada antes de acostarse. De acuerdo al folclore el muñeco se preocupa por el problema en lugar de la persona, permitiéndole dormir tranquilamente. Cuando la persona se despierta, lo hará sin sus problemas, que se los habrá quedado el muñequito.
-Esto es una tradición indígena y está comprobada, no como vos que nos trajiste la pareja de coyitas de Jujuy para que encontremos novios y nunca pasó nada- me espetó Mona.
-Es que ese poder de los coyitas, Mali lo inventó- aclaró Loli riéndose.
Era cierto eso lo había inventado en ese momento, nadie me dijo que si te ponías la parejita ibas a conseguir novio, pero ante la necesidad surgen las creencias, ¿o no? Y se veían tan lindo juntitos, con esos colores tan vivos...
Esto pasó ayer a la noche, todavía ninguna probó la eficacia de los quitapenas guatemaltecos.
prometo ir poniéndome al día con ustedes, conmigo también, y sobre todo con mis quitapenas, que a la noche estarán debajo mi almohada, conversando entre ellos viendo cómo se pueden arreglar mis problemas. No sé si pedir una entrega al por mayor, temo que con seis no alcancen.

¡Gracias, Piero!

Plis vengan a casa, tipo 9. Las necesito. Un mensaje así de parte de Violeta era algo muy inusual. Ese pedido sólo se podía dilucidar llamándola, no alcanzaba un simple SMS de respuesta. Había que hablar con ella. What passs?
Pero ella no daba señales de vida.
-Es una reverenda hija de puta -chilló Mona cuando la llamé- No puede mandar un mensaje así y borrarse, ya tengo gastado el dedo de enviarle: ¡Puta contestaaaaaaaaaaaaaa!
-No debe ser tan grave, sino hubiera puesto otra cosa, que nos necesite no significa nada mortal-le contesté bajando la ansiedad natural de Mona.
A las 9 menos cuarto fui la primera en llegar a su casa.
-¿Por qué tanto misterio? No seas guacha nos tenés a todas preocupadas -le solté ni bien abrió la puerta.
-Porque... porque... a mi me pasan las cosas más locas… ya estoy cansada- dijo cortando la frase con suspiro.
En ese instante, justo cuando Viole suspiró, sonó el timbre, una, dos, tres veces a todo volumen, cuatro. Cinco.
-Es Mona- dijimos las dos.
Era Mona, con Loli también. Ya estábamos las cuatro. Era hora de ver qué tanto le había pasado a Violeta.
Como haciendo una ceremonia Violeta abrió su agenda, y sacó un sobre. Era común y corriente, un sobre de carta blanco. Tenía una estampilla en el borde izquierdo, arriba, y estaba timbrada, como enviado por correo.
-Me llegó hoy a la mañana, me lo mandaron de Morón, y obvio no tiene remitente-dijo Violeta, al tiempo que iba abriendo el sobre.
-¿Y que dice la carta que te mandaron?-le preguntó muy atenta Loli.
-Nooooo nada de carta, eso sería muy normal, miren…
Dentro del sobre había un minúsculo papelito cortado a mano, como si fuera una tirita, que decía:

“Gracias, por todo.”

Eso sólo, sin firma, nada más. Y no era un: “gracias por todo”; era un, “gracias, por todo”. Esa coma marcaba una relación especial entre el “gracias” y el “todo”.
-¿Quién me mandó esto? Se dan cuenta de que a mi me pasan estas cosas, al principio me sentí bien. No sé por qué me sentí bien, pero luego a medida que iba pensando cosas, me sentí para el carajo. ¿Quién puede estar tan enfermo de hacer esto?
-Alguien que te quería dar las gracias…-dijo Mona.
-Por todo-agregué yo, desatando la carcajada general.
El hecho no era tan grave. Como raro era raro, pero no se iba a morir nadie. Barajamos mil posibilidades, hicimos estudio de la fecha de timbrado, del tipo de letra, cada una sacaba sus conclusiones, que es mujer, que es hombre, que es joven, que es viejo. Lo único cierto es que estaba escrito con birome azul. Lo desconcertante era el lugar, Violeta no conocía nadie de Morón, ni del Oeste, siquiera, ni del Nuevo ni del Viejo Oeste.
¿Quién se iba a tomar el trabajo de ir hasta Morón para enviarle una carta?
Igual como siempre hay que buscar un culpable, analizando la situación de los acontecimientos la culpa recayó sobre su última conquista, un chico con bastantes problemitas, depresivo y paranoico. Sin tratamiento, claro. Los chicos problemita son la debilidad de Violeta.
Las cuatro le pusimos la ficha. Tenía que ser él. La sabia Mona tiró el consejo final.
-Enviále un sobre desde Morón, con un papelito que sólo diga: “De nada, por todo”. Si es el pibe va a entender, y si no es, es buen disparador para que empiece terapia. De paso lo ayudás.
Violeta se negó rotundamente a hacer esto. No por lo descabellada de la idea, sino porque es tan fiaca que adujo que ni loca viajaba a Morón para mandar la carta. Caso cerrado.
Gracias.
Por todo.

Tú me acostumbraste

Por fin,una del grupo 4S (4 solteras) superó al fantasma de minita de 30 y pico, y pico, solita y sin compromiso. Lo que antes entraba en la categoría solterona, hoy: mujer profesional independiente.
Loli venía de estar en relaciones más que free: una con el tipo con novia, y otra con el tipo que se había peleado con la novia, pero que luego se arregló. O sea, ellos estaban en pareja y ella despareja entre los dos. Sexo con los dos, uno mejor que el otro.
“Uno sobretodo”, dice recurriendo a su memoria emotiva. El muchachote según ella tenía un doctorado en hacer gozar a una mujer, con técnicas de sexo oral, propias o adquiridas vaya a saber dónde, que incluía hacerse buches con infusión tibia antes de. (Y bue, habrá que sugerirlo para la próxima, chicas)
Por supuesto que Loli no superó el fantasma con estos dos, sino con un tercero, que llegó a su vida y de golpe se transformó en el novio formal. Un hombre libre y con ganas de formalizar.
La semana pasada nos reunimos las cuatro, necesitábamos urgente la charla de peluquería que hacía tanto que no teníamos. Y además queríamos saber todo de la nueva relación de nuestra amiga. Detalles, detalles, detalles.
Quedamos en reunirnos en un restó que Mona y yo conocíamos, pero nunca podíamos reincidir, un vegetariano que nos encanta, Artemisa. Adoro su limonada. Y caigo sin ofrecer resistencia con sus panes caseritos calientes.
Loli hablaba y hablaba de su actual con mucha felicidad. Se le notaba el enamoramiento. Está muy bien, incluso en un momento lanzó tan imprevistamente la palabra "casamiento", que todas dijimos, ¿queeeé? Sin embargo lo que nos sorprendíó más fue su posterior confesión.
-Si, chicas todo bien, todo lindo, pero el otro día me acordé del súper latin lover y lo mensajeé de nuevo- soltó Loli con su carita bañada de vergüenza.
-¿Vas a engañar a tu novio, estás loca?- la retó Violeta.
-No, ni loca, pero me dio nostalgia del sexo con él, y le puse, “me arruinaste mi vida sexual”.
-¡Yegua! No podés ponerle eso- saltó Mona- ¿Con tu chico no te llevás bien en la cama?
-Sí, todo bien, pero es que… con esa dotada machine sex era... ¡espeeectaaaacuuuular!
-Era un “geshio” entonces… En eso le doy la razón, porque no es lo mismo con todos, hay algunos que dejan marcas…-concluí con un gran suspiro.
-Sí, moretones…-remató Mona.
-No, marcas que no se borran con el tiempo, bruta. Con mi segunda pareja fue genial, con ninguno como él, a veces extraño esa unión erótica y mística al mismo tiempo, y mirá que tuve muchos antes…
- Y después…- dijeron riéndose todas.

Sentido del humor

Abrió, sí, volvió abrir, y no sólo volvió a abrir con ventanales gigantes, sino que “él” sigue ahí. El mozo buen mozo, el chico lindo, y simpático. Volvimos al restaurante de esa esquina en Palermo Hollywood, que nos espera con los ventanales para verte mejor. Volvimos casi tan rápido como nos enteramos de la reapertura. Fuimos a cenar antes de fin de año. Otra vez sentadas ahí mirando la carta y su sonrisa encantadora. Buena despedida del 2007.
Pero las cosas cambiaron desde la última vez. Mona salió de una relación que prometía, y terminó siendo una mierda total. Violeta acaba de mudarse a su nuevo departamento, ya se peleó con el pintor, y tiene que terminar ella de dar las últimas pinceladas. Yo sigo igual, o casi igual, o parecido. Yo espero y desespero, como dice el refrán.
Volvimos a atacar la panera sin asco, y a tomar un buen malbec. Y a charlar, por supuesto. No sé, quizás porque teníamos temas más importantes esta vez no fuimos tan babosas como la última con el mozo, aunque seguíamos ese jueguito inofensivo (?), sobre todo de mi parte. No sé por qué el pendejo me puede, y es cuando me doy cuenta de que estoy un poco rara, en otro tiempo me lo hubiera hecho plim caja, o lo que es lo mismo, plim cama, pero ahora no me dan ganas. Sólo lo miro con pensamientos que entran totalmente dentro de los pecados capitales. Pero del pensamiento a la acción hay un hueco tan enorme que temo caerme en él.
Estaba con estos pensamientos cuando Mona lanzó sus reflexiones totalmente fuera de contexto. Adoro cuando hace eso. Te obliga a parar de hablar y focalizarte en ella.
-Los hombres no están acostumbrados a que las mujeres hagan chistes, el 90% de las mujeres no tienen sentido del humor. Son buen público, un buen espectador. Las mujeres en general no hacen chistes. Tengo amigas que jamás han dicho un chiste.
-¡Yo soy brillante! –dijo Violeta, que tiene un sentido muy especial del humor, irónico y a veces muy cerca del negro.
-Nosotras siempre estamos con un gag en puerta – coroné yo con una gran carcajada, defendiendo nuestro sentido del humor.
-Llamemos a cualquier amigo varón para ver si su novia le hace chistes- dijo Mona buscando reforzar empíricamente su teoría.
-¡Dale, llamemos a Pancho! – le dije, sabiendo que a su novia la apodamos “la muertita” porque en las reuniones jamás emite ninguna, no ya palabra sino sílaba, interjección o una simple vocal: a, ooo, uuuuu.
- A Pancho, naaaa – dijo Mona matándose de risa.
Ya a esta altura estábamos más que risueñas, casi diría alegremente empedadas. Empezamos a hacer una lista de otras amigas, compañeras, conocidas, descartando una por una, dadas sus condiciones de chistosa o no.
-Son pocas, fijate que las minas con sentido del humor estamos todas solas- sentencia Mona.
-Si estamos solas, ¿de qué carajo nos reímos?– pregunté yo.
Esa frase generó aún más risa, que contuvimos cuando llegó el mozo y yo derivé mi mirada lasciva hacia él, mientras le decía que me trajera un sgroppino de postre.
Un sgroppino helado vendría bien. La noche estaba más que calurosa, pesada, agobiante, como suelen ser algunas noches de verano en Buenos Aires, por suerte el local estaba muy bien refrigerado. Me acordé de algo.
-Hace unos días me iba comprar un aire acondicionado, pero como hacía calor me dio fiaca y no fui- les comenté a las chicas.
Parece ser que resultó un buen chiste, o el malbec hace milagros con las boludeces.

Que los cumplás...

Llegué a Morelia, el de Palermo cinéfilo, el que nos encanta, pero por gordas no por cool porque adoramos la pizza a la parrilla de ahí, aunque en realidad nadie la pidió ese día. Mona había sido la primera en llegar. Ya estaba sentada leyendo una revista Gente y tenía una Caras sobre la mesa cuando llegué yo.
Amo cuando voy a un lugar y hay una revista de esas que ni gastaría un peso en comprarla, pero que devoro ni bien cae en mi mano. Chismes y más chismes, qué delicia.
El motivo del encuentro de brujildas tenía que ver con el cumple de Mona, nos pareció bueno sentarnos a comer al mediodía antes de ir al laburo, que por cierto debería esperarnos. Así fue, al grupete de las cuatro fantásticas: Mona, Violeta, Loli y yo, se agregó Nat.
Claro que todas fueron llegando más tarde. Por eso cuando me senté, y vino el camarero a preguntarnos si queríamos pedir algo para tomar, las dos quedamos atónitas.
¡Qué bueno que estaba el camarero!
-El mejor regalo de cumpleaños- dijo Mona mientras pasaba las hojas de la Gente sin leer y miraba como ese culito perfecto se iba asomado del delantal negro.
La atracción por el mocete fue unánime, todas nos quedábamos medio pelotudas cuando venía, ya sea a preguntar el pedido, o a traernos las cosas, y creo que lo hacíamos venir más de lo necesario a lo que siempre el acudía con una sonrisa.
Nat, se lo quedaba mirando con una risita entre boba y sugestiva, y los ojos fijos en él. Loli adoptaba una postura similar. Mona, como le gustaba mucho, ni lo miraba.
Ahí empezamos a analizar lo que nos sucede cuando alguien nos gusta mucho. Porque a veces eso no implica que nos tiremos encima del tipo, en ocasiones cuando alguien las enloquece directamente no le hablan, no lo miran, porque si lo hacen se daría cuenta.
Justamente, ¿no sería bueno que se dé cuenta?
Otras se ponen idiotas, y cuando tienen que decir algo le sale la tartamuda, o la frase monosilábica, o una sonrisa de muñequita de peluche, jijiji. Hay muchas que utilizan la agresión, como Violeta, te peleo, te contesto, te agredo, pero me muero por vos, no se puede creer.
Ya lo sé, antes de que lo digan: somos un mensaje contradictorio. Me gustas, pero no lo vas saber a menos que insistas, y no vas a insistir porque no te doy ninguna señal, y lo que menos pensás es que me gustás. ¡¿Cómo no adivinás?!
Lo de Nat era muy gracioso, se quedaba congelada sonriendo mirándolo con sus ojitos verdes tan abiertos.
-No me doy cuenta, juro que no lo hago a propósito- adujo cuando nos matamos de risa luego de que le pidiera el postre con una sonrisa que parecía un Banana Split, relajo dulce y enorme.
Todavía no le habíamos hecho regalo a Mona, y le preguntamos qué quería:
-¡El camarero!- gritó la bruta.
-¿Querés al camarero? Lo vas a tener, vos te mereces eso y mucho más, pero después no arrugués... - le dije levantándome muy decidida y yendo directo hacia él.
Conociéndome las chicas se quedaron mudas.
Me acerqué y estuve hablando un rato con el chico, tenía unos ojos espectaculares, lástima que no era mi cumple, así pedía ese regalito. Mientras conversamos al lado de la barra, mirábamos de vez en cuando hacia la mesa del aquelarre y nos reíamos. Las chicas nos veían de reojo pero se hacían las boluditas, y volvían a la conversación como si nada.
Cuando volví me preguntaron.
-¿Qué hiciste Mali?
-Lo pedís, lo tenés. Tuviste suerte, aceptó. Dijo que ya que era tu onomástico te iba a dar la velita, perdón el velón, para que lo soples. Lo que sería un "oralmástico".
Aunque Mona siempre tiene palabras para contrarrestar cualquier cosa, juro que se quedó muda. No sé si por vergüenza, o lujuria, pensando todo lo que haría en ese cumpleaños.
No me queda duda que lo hubiera masticado, lástima que todo se esfumó cuando el camarero apareció con una torta, eso sí con un velón hermoso, y todas le cantamos el happy birthday to you.
Odió el momento, se puso colorada, bochorno total, pero como una reina apagó la velita, como corresponde pensó tres deseos (uno ya sabemos cuál fue) y puteó cuando se dio cuenta de que lo que estaba hablando con el chico era el arreglo de toda esta coreografía humillante del cumpleaños feliz.
-Todo no se puede, pensá en otro regalito que se pueda comprar en un shopping- le dije mientras le besaba con amor el cachete.
Su respuesta fue irreproducible. El bombón sigue atendiendo mesas.

Pic: Marilyn Monroe en su 30 cumpleaños, el 1º de Junio de 1956.

Multiple choice

Elegimos una película de amor, porque no quisimos ir a ver dramas. Aunque... ¿hay mayor drama que mirar una de amor cuando una está sooooooliiiiiitaaaaa?
En realidad, también porque queremos hablar huevadas cuando termina, del tipo: viste la panza de Kevin Costner, o yo me quedo con el otro, o la actriz se volvió a operar las tetas, ¿no las tenía más grande que en la película anterior?, y cómo le dio al botox, para las guachas no pasa el tiempo, o cómo me calienta ese pedazo de actor. O simplemente suspirar, una forma de sacarse los deseos de adentro.
Cosas que sólo las mujeres pueden decir, puro chusmerío, barato, cruel y totalmente frívolo. Delicias para comentar café o birra (cerveza) de por medio y de las cuales los hombres están excluidos.
Y si bien hablamos después, también lo hacemos antes. En un coffee pre- cine iniciamos la habitual "charla de peluquería", aprovechando los 40 minutos que faltaban para la peli que íbamos a ver.
Loli no estaba porque se había ido unos días a Punta del Este. Pero vino Caty, una amiga de Mona, con la que salimos de vez en cuando.
Justo cuando estamos tomando el cortado, surge el tema de un email que mandó Loli, contando su última conquista amorosa esteña.
- Me escribió un email donde me dice que conoció un uruguayo y que es el tipo más duro con el que estuvo- dice Mona abriendo los ojos con cara de morbosa total.
-¿Duro de merca? – pregunta Caty, que trabaja en producción de televisión desde hace años.
-¿De pija dura? – preguntó yo, casi al unísono.
- No boludas, duro, fibroso, todo musculoso- aclara ella.
- ¡Ah! – decimos las dos – como tu ex...
Me quedé pensando que cada uno le hace la interpretación del caso a un asunto. ¿Por qué la mente frente a una palabra trae visiones diferentes?
Dicho esto nos morimos de risa pensando en que había visualizado cada una. Y nos fuimos a masoquear un poco al cine, con la peli en la que el protagonista se queda con la chica, casi en el minuto final. Como siempre.

Elige tu propia aventura

-¡Me muero! ¡Me encontré con el flaco que me toqueteó en el auto, luego de una cita y nunca más me llamó!- exclamó Mona ni bien entró a mi departamento.
Viole y yo, la miramos y no pudimos decirle nada. No, porque no nos saliera, sino porque empezó a putear, y, a preguntar y contestarse ella misma. Estaba como loca.
-¡En el ascensor! ¿Hay peor lugar para encontrárselo? No tenés escapatoria, no podés hacer nada, y encima lo tuve que saludar. Resulto que se mudó al mismo edificio de mi tía. ¡En el ascensor! Eso se llama: puta mala suerte, porque si lo ves en la calle podés salir corriendo o hacerte la boluda, pero en el ascensor…- y seguía su perorata en la que la palabra “ascensor” aparecía cada tres segundos.
La primera vez que salís con alguien, ya sea cita a ciega, o no, todo puede suceder en la despedida. Puede haber diferentes finales: el tipo te besó, te tocó, terminaste cogiendo frenéticamente en un hotel, en un pasillo o en el auto, un beso en la mejilla sin ningún futuro, o simplemente un “te llamo” que nunca se concretará. O la combinación de todo eso.
Lo de Mona fue una cita con un ex compañero de la facultad. Ella reconoce que en esa época los kilos de más que tenía no la favorecían, y encima hizo lo contrario que una chica hace en esos casos, se comió todo. Entrada, plato principal y postre.
-Es que es patético una gordita que encima come, como un pajarito, para no parecerle gorda al flaco. El tipo debe pensar "la gorda me está tomando el pelo" – explica ella con provocadora convicción.
Cuando terminó de devorar el postre, y el café y los chocolatitos también, el chico en cuestión la llevó a su casa. Estacionó el auto en la puerta, y allí sucedieron los hechos que hoy la atormentan.
Mona aduce que como ella se quedó hablando, y no bajó enseguida, él se vio en la obligación de meter mano en el asunto, aunque ... más que en el asunto, las metió en las tetas de ella que sí se veían favorecidas por los kilos de más, pues estaban más abultadas que hoy con su exquisita delgadez.
La señorita jura que no tocó bulto. La cuestión que luego él desapareció.
Por eso ella está enojada y avergonzada al mismo tiempo. El destino se lo puso de nuevo en el camino. Como alguien dijo: “se encuentran los que no se tienen que encontrar”. (El del 4º ni asoma la nariz, mierda)
Nos volvió a contar por enésima vez todo, como si no lo supiéramos, preguntándose y preguntándonos una y otra vez, ¿le gustaba o no?, ¿para qué me apretó?, ¿le habré parecido una gorda pedorra?
-Por lo menos el tipo estacionó, el mío dejó el auto en marcha en el medio de la calle – exclamó Viole.
Si realmente hay un lenguaje de lo no dicho, ésa es una clara declaración de que el señor no quiere que pase nada. Pero, Viole asegura que, cuando se conectó al otro día al MSN, él le dijo que le gustaba mucho y que lo había pasado bien. Así y todo, ella se tuvo que bajar rapidito con el auto en marcha. De besos nada.
-No se quejen, yo hice sexo oral en una primera cita por sentirme en deuda- les confesé con un poco de vergüenza, ya que jamás les había contado esto.
Se quedaron mudas.
Salí con un chico, que ya conocía, pero nunca habíamos salidos solos, me llevó a su casa en un country, allí nos peleamos mal, y entonces yo me quise volver a la mía que estaba muuuuuy lejos, él dijo que me llevaría de vuelta.
Al principio ninguno de los hablaba, era una situación muy incómoda. En el viaje me empezó a pedir disculpas, mientras me acariciaba la mano. Yo estaba a mitad de camino entre el enojo y la calentura. El tipo me gustaba, pero era un hijo de puta.
A medida que avanzaban los kilómetros, el clima se iba poniendo más caliente. Me decía cuánto le gustaba, que le perdonase su mal humor. Pensé en todo lo que había manejado y que debía volver, y... fui débil, aunque sabía, cuando cerré la puerta del auto, que jamás lo volvería a ver.
Es el peor recuerdo que tengo de toda mi vida sexual. Me sentí muy mal. Reconozco que fue muchos años atrás, todavía no contaba con mucha experiencia.
Y no en hacer sexo oral, sino en decirle más de una cosa a un tipo. Con el tiempo me volví más dura, y, a veces, un poco sarcástica también.

Estrategias femeninas

-¿Y tu marido, qué tal es?- preguntó el taxista en pleno viaje de Belgrano a Palermo. Típica frase, que hay que contestar con tal o cual cosa. Pero, siempre dejando ver, que sí hay un marido. Jamás esbozar un no.
Porque, ahí radica la mejor jugada para evitar el taxista levanta minitas. El marido existe, es un amante esposo, que está esperando en casa, en ese hogar maravilloso, formado por él y los cuatro chicos, que Dios nos regaló. Esto dicho con una sonrisa tipo Caroline, la esposa de Charles Ingalls.
Todo viene bien, para no tener que escuchar nada de esos babosos comentarios solapados, del tipo, pero… cómo está sola una chica tan linda, o ahora los hombres son ciegos. O, lo que es peor, escuchar sus hazañas sexuales, del tipo: me separé porque mi mujer no quería coger todos los días, o no quería coger nunca, u otras que prefiero no recordar.
La otra noche, ya casi la madrugada, tomamos un taxi Mona, Loli, Violeta y yo. Habíamos salido del cumple de un amigo, al que había ido una amiga con el marido. Este señor marido es el hombre codiciado por cualquier soltera. Es el amante esposo que toda mujer querría tener, pero que inefablemente tiene otra.
Amable, cariñoso, trabajador, buen padre, que sin ser un top model, no deja de tener su encanto varonil. Emana algo que gusta, y no es que esté casado, nada más alejado de eso. Pues hay muchos hombres casados, que no entran en esta categoría.
Quizás, sea la sumatoria de todas las virtudes que mencioné, más una buena cuota de simpatía. Claro que ella, nuestra amiga, es quién lo tiene. Y nadie osaría, ni siquiera acercarse a él, pero… mirar no está prohibido, y, menos que menos, hablar de él. Y mucho menos, fantasear con él. Pues, en la Biblia está prohibido “desear el hombre de tu prójimo”. No dice nada de los otros verbos.
-¡Dios del Olimpo, mortal convertido en ídolo profano, qué pedazo de macho!- así entró hablando Mona al taxi que tomamos en la esquina de la casa de mi amigo.
Era compartido, a modo de micro escolar, y nos dejaría a cada una en su casa. Yo era la última en bajar, y la que tuvo la puta mala suerte de sentarse al lado del taxista.
Violeta empezó a decir que, cuando se sonreía, se le hacían dos hoyitos tan seductores, y yo agregué que me gustaba cuando inclinaba su cabeza hacía atrás, mientras profería unas onomatopeyas, llamadas carcajadas, tan, pero tan sexies.
Loli, decía, chicas pero es el marido…, y nosotras ni la dejábamos terminar. Siguiendo con una desaforada charla, en la que siempre cerraba el “¡qué bueno que está!”, de Mona.
Así pasamos de sus habilidades culinarias, que bien son conocidas por todos, a sus habilidades para contar cuentos, los cuales se los festejábamos como reverendas boludas. El taxista se sonreía, pero no hacía ningún comentario.
De todas estas nimiedades, pasamos a hablar de cómo sería en la cama, y de algunos datos que sabíamos por mi amiga.
-Terrible macho latino, en vías de extinción- decíamos, y nos babeamos inmundamente por él. Pero de deseo, nada.
En un momento de la charla, entre cuatro mujeres que mueren por el maridito dulce de otra, a la cual no se puede odiar, sólo por el hecho de haberse casado con tal bombón. Sólo envidiar, y profesar que no se lo merece, pues lo tiene cagando, y no sabe valorar a ese hombre espectacular. En un momento, el taxista, que ya debía tener quemada su cabeza con todo lo que decíamos, se dirige a mí, y pregunta.
-¿Y tu marido qué tal es?- silencio mortal entre todas. Yo como si nada, como si el FBI me hubiera entrenado para esto, contesto tan naturalmente.
-¿El mío? Un divino, un dios total. ¿No chicas?
Las chicas se empezaron a tragar la risa, porque si hacían algo las mataba. Mona, me hizo el aguante y dijo:
-De él, hablamos cuando ella no está- y ahí, sí, la carcajada fue al unísono.
Cuando se bajó la última, me pasé atrás, y fui callada todo el viaje. El tachero, ni mú. Esta estrategia nunca falla.

¿Coger o hacer el amor?

-A mi no me vengan con palabras raras, para mí hay formas y formas de decir las cosas, y coger no la reemplazo con nada- dijo Mona en plena charla de peluquería, como sugirió una lectora.

Sí, me gustó eso y lo adopto como una sección de mi blog, porque cuando nos juntamos en plan de cuerear a alguien, destripar al mejor o charlar de sexo, bien podríamos ser señoras con los secadores puestos y los ruleros hablando de nuestras cosas, con total procacidad y descontrol de vocabulario.

Ya saben que a Loli, le molesta pero creo que al final le gusta, porque nunca falta a ninguna, y debo reconocer que nosotras también nos divertimos con su cara de horror y su gestos de ¡oh!, pero quién sabe qué hará con toda la información que recibe de dos guarras, como suele llamarnos a Mona y a mí. ¿A ver si tiene doble personalidad?

-Sí, sí, coger me encanta tiene fuerza, y me gusta decir: ¡cogeme!- sostengo yo, que siempre preferí esa palabra para horror de mi vieja, que me decía lo guaranga que era.
-Yo prefiero “hacer el amor”, es más sútil, más poético- exclama Loli, mientras ceba un mate que toma más por compromiso (ella prefiere el té), pero sólo por venir tiene que cebar, esas son las reglas.
-Loli, no seas pelota, ¿quién inventó "hacer el amor"?, desde cuando se hace, qué se hace, por favor, hacer el amor…making love, eso seguro empezó en alguna película pedorra de amor, off course. Yo creo que a ningún tipo se le pasa por la cabeza “le voy a hacer el amor a ésta”, para mí ellos dicen, la voy a coger, o le voy a dar bomba, y aprendé a cebar de una vez.

-Mona, no seas descalificadora, si a ella le gusta que lo diga como quiere.
-Pero quién dice: ¿Hacemos el amor?- y lo dice con voz de tontita. Es tan graciosa y a continuación con vos de macho bruto en celo.
-¡Vení que te cojo! ¿No es gutural? Es animal, me gusta la gggggg, de coger, me hace sentir caliente.
- ¿Y fifar?- pregunta Loli, casi con miedo.
- ¿De dónde sacaste esa antigüedad?-replica Mona a los gritos.
- Sí, esa palabra se puso de moda hace mucho tiempo. De dónde habrá salido. Una vez tuve una cita a ciegas y el tipo la decía todo el tiempo- comento yo recordando ese fallido encuentro con un psicólogo, grandecito el hombre, que siempre decía fifar y pinta. Si pinta eso, si pinta lo otro.

-¿Y la pusiste en práctica?- salta Mona- ¿Fifaste? Yo fifo, tú fifás, Malizia fifa o fifó. Fifa tú, fifa él. Fifemos nosotros.
- No, no fifé. Es una palabra que siempre me pareció cómica, en cambio el “follar” de los españoles me encanta.
Y la pronuncio bien con acento castizo. ¡Fóllame guapo! De pronto me empiezo a reír como loca. Las otras me miran, sin saber el motivo.

-¿De qué carajo te reís? – me dice Mona mientras chupa la bombilla del mate.
- ¿Para qué pienso en las palabras si hace rato que no pronuncio ninguna? Mucho hablar de sexo, escribir de sexo, pero poca práctica. Me siento una total analfabeta sexual, hasta me voy a olvidar de cómo se hace.
-No boludita, eso no se olvida, es como andar en bici- me dice Mona, haciéndome un gesto muy procaz.

La magia del té

-Los tipos se la creen, a mi nadie me dijo nada - dice Mona, limándose las uñas en el sillón blanco del living.
-A mi me queda la duda. ¿Y si se hacen los boludos? Mirá que son expertos en eso, leíste los post, alguno lo confesó- le contesto, mientras trato de que la francesita quedé bien derechita y no como una línea ondeada en la uña.
-En hacerse los boludos sí, en lo otro no. ¿Cuántos de los tipos que estuviste te tocó bien con la mano? Hay algunos que hay que decirle: ¡ojo que es de carne!

Loli estaba en la cocina preparándonos un té de hierbas con no sé qué, que había comprado en la galería del Alvear. Ella tan fina, creo que tenía vainilla de Ceilán, o naranjitas de Madagascar, y el paquetito le había salido como veinte pesos. Entra con la bandeja con las tacitas, todo un amor. Y nosotras que queríamos tomar mate. Pero ella insistió, en que estos tés son mágicos.

-Loli, sos una hincha pelotas. ¿Por qué nos hacés tomar ese té de la globalización? Tiene algo de cada país- le grita Mona en la misma posición Buda con lima en manos.
-Primero prueben y luego hablen, incultas, chicas sin clase, es una delicia.
Mona abandona su postura y se sienta en la mesa, cual digna catadora oriental de té. Lo huele, lo saborea, cierra lo ojos.
-Mmmm, está bueno Loli, la pegaste.¿Así está bien?- le dice mientras levanta el dedo meñique en pos de broma.
-¿De qué estaban hablando?-pregunta Loli.

La miro a Mona como haciendo un gesto "cambia de tema", pero ya sé que es una bestia, y que quiere que Loli caiga en esa bestialidad que jamás tendrá, y le larga sin filtro:
-En que son pocos los tipos que te masturban bien.
A pesar del té de Ceilán y Madagascar y no sé qué más, Loli nos sorprende diciendo.
-Si es cierto, hay muchos que no saben hacerlo bien- sin ningún tipo de pudor, sonroja o algo así.
Primera vez, lo juro, que la veo tan desinhibida, o será que desde que toma estos blends personalizados algo la cambió. ¡Ojo! Que me voy mañana mismo al Alvear a ver de qué se trata.
-¿Se acuerdan de Boris?- nos pregunta mientras dirige la taza a sus labios.

Cómo no acordarse de Boris, ese muñecote rubio de ojos verdes, que empalidecía al mismísimo señor Pitt. Ese encanto que cuando venía a cenar, destapaba las botellas de vino con tanto charme, y nosotras decíamos: ¡Ahhhh! O cuando contaba simplemente una boludez nos reíamos como ninfas embriagadas por su sonrisa, es que dicha por él cualquier pavada sonaba tan linda. Sí, el mismo por el que la odiamos tanto tiempo por llevárselo a la cama y no contar nada, nada de su miembro, sobre todo ¡medidas!, porque era de mal gusto hablar de eso. Y con él que fantaseamos (en total traición platónica a nuestra amiga) más de una vez.

Ahora nos enteramos que Boris, era una cosita hermosa que no cogía bien y que encima ni sabía tocar a una mujer. Y todo contado por la dama en cuestión que puede dar fe de eso. Una desilusión total, pero por otro lado toda una novedad oír a Loli contando estas cosas. ¿Las naranjitas de Madagascar son afrodisíacas?

Mate y sexo oral

No sé puede, con Marc…, digo con Loli no se puede. Es tan rara, no sé si esa es la palabra. A pesar de que ella me lo dice a mi, la asquerosa es ella, porque nada le viene bien. De gases corporales, ni hablar delante de ella, de sexo se puede hablar no haciendo mención a las “asquerosidades” como dice.

-¡Ayer tuve el mejor sexo oral de mi vida!– dijo Mona en plena sección de destripamiento de hombres.

-Ay, no digas eso- saltó Loli, poniendo la cara de asco como si hubiera olido quién sabe qué, o mejor dicho ya sabemos qué.

-No, no otra vez no caigamos en esto- dije yo que ya sabía que se iban a pelear. Tirándome en el sofá y mirando para afuera.

Es que Loli, no soporta que le hagan sexo oral, y menos hacerlo, y es la discusión eterna con Mona, que no soporta que a Loli no le guste y la quiere convencer. Pero a cada uno le gusta lo que le gusta.

-Ya me tienen podrida. ¿Por qué no van las dos al programa de Alessandra, la sexóloga venezolana, y exponen su problema? Ay, a mi me gusta el sexo oral, ay a mi no. Y que la mina vea que hace.

Me muero si las veo en la pantalla, Loli con careta por supuesto, una careta con cara de asco, y Alessandra con esa conchita de tela que tiene para explicar cosas, que es muy graciosa, Miss Vagina vendría a ser.

-Es que sabe y lo hace a propósito, para qué sacar temas escabrosos, escatológicos cuando estoy yo.

-Loli, no tenés 5 años, no seas boluda. Estamos hablando de hombres, que querés que hablemos de cómo me recitó un verso (hizo un silencio) ¡antes de cogerme!- salta Mona, ya aprestando al ataque frontal y despiadado.

-Mona, no me digas eso, no me gusta.

-Pero vos sos como los chicos Loli, si no probaste nunca, y más de uno te dejo por eso. Probá una vez y después te doy la razón si no te gusta, no te jodo más.

-Una vez intenté, vino el tipo y me insistió tanto, que intenté.

Las dos nos quedamos heladas, nunca había dicho nada, se lo tenía muy calladito.

-Ay, guacha no nos habías dicho nada- ahora la que saltaba era yo.

Con Mona nos acercamos a ella, esa confesión requería un acercamiento muy intimista, nos miró y seguro nuestra cara de asombro y necesidad de que siga contando la obligó a hacerlo.

-No me dio vergüenza como otras veces, es que soy un desastre, el tipo vino muy amable, con palabras cariñosas, que esto y lo otro. Iba preparando el terreno, y la verdad me gustaba mucho… - ahí se quedó, hizo un silencio.

Nos miramos, no sabíamos si decirle que siguiera porque su mirada se encontraba perdida, habría hecho una regresión a ese momento que jamás sacó a relucir en nuestras charlas de sexo. Como le decimos “tardes de mate con sexo oral”, porque nos las pasamos hablando de eso.

-Si me gustaba mucho, era muy atento, un caballero. De esos que te abren la puerta, y te llaman a tu casa al rato de cuando se fueron, y te sorprenden con flores, y ...

-Dale, anda a la otra parte Loli, no te detengas en nimiedades-le dijo Mona, ansiosa por saber qué había pasado.

-No son nimiedades porque si él no hubiera sido así, jamás me hubiera atrevido a hacerle eso a su parte.

-¡Chuparle la pija, Loli, décilo como es!- grito Mona totalmente fuera de control, ante mi cara de horror, bajó un poco los decibeles de su bronca.
- O por lo menos “sorberle el pene”, si te parece más delicado-la quiso arreglar.

Se reía, como loca de lo que había dicho, y repetía como un mantra "sorberle el pene" y yo haciéndole señas de que se calle. Por suerte Loli parecía en trance y ni le dio importancia a este exabrupto de Mona.

-Eso, me lo puso así frente a la cara, en primer plano, directo, su parte, y yo intenté, pero… - unas lágrimas le corrían por las mejillas.

-¿Pero qué Loli?- le preguntamos al mismo tiempo.

-No pude, tuve que ir a vomitar al baño. Fue horrible, me sentí muy mal, y al tipo no lo vi más.
Hace unos días me lo cruce en Puerto Madero y se hizo el que no me había visto.

-Bueno no te preocupes, después de todo no es tan importante, no es tan lindo, no te perdés tanto. – le dijo Mona, mientras le decía esto, la abrazaba y me hacía un gesto con la cara, como diciendo: ¡Pobre no sabe lo que se pierde!

Le serví un mate y mientras lo tomaba, yo pensaba: Bueno por lo menos puede chupar de la bombilla, si no se perdía el mate también.