Un año en blanco

Todos los años, más o menos para esta fecha, escribo algo alusivo. Suena tan mal esa palabra, pero es la adecuada. Aludo a las fiestas, a los compromisos, a lo eterno de terminar y empezar un año, a lo que supone que hagamos, a lo que hacemos y dejamos de hacer. Y hoy estoy aquí haciendo lo mismo, aludiendo al fin de año. Desde la hoja en blanco. Cuando empecé a escribir sentí que la hoja era casi (casi) como el año que va a empezar dentro de pocos días, algo vacío que se irá llenado con nuestra vida, con la vida de todos, con la muerte de algunos. Que se irá llenando de sucederes, de cosas que nos pasan, que les pasan a otros pero que nos llegan, de amores y desamores, de vientos y lluvias, de tantos amaneceres como anocheceres, de lunas llenas y de cuartos menguantes, de sonidos, de ruiditos, de gritos y susurros, y también de silencios, que a veces pueden resultar incómodos, de dinero o de cheques en blanco, de gente que no contesta los emails, y de los que nos llenan la casilla con spam, de cajeros sin guita, y de policías y ladrones, de matracas y pitos, de santos y algún que otro fantasma dando vuelta.
La vida nos espera, aguarda impaciente el siguiente paso que daremos, después de todo qué es la vida, si no un caminar continuo, step to step llegamos a todos lados, hasta a nuestro propio final, que siempre se espera no sea anunciado y acontezca casi sin darnos cuenta. Tengo una hoja en blanco, tengo un año para llenar, no me desespera la inmensidad de los 12 meses, me gusta el desafío de empezar a escribir día por día mi historia, mi vida, mi propia versión de los hechos, como debe ser. Como quiero que sea.
¡Feliz 2011 para todos!

Mis quitapenas

Ayer cuando me reuní con las chicas sucedió algo. Es cierto eso que me dijo Vicent, que entre post y post crecía 25 metros el Perito Moreno. Me di cuenta de cuántas cosas no saben qué pasaron porque no se las conté, como que Loli tiene a su beba, sí es un nena, otra para el clan, pero al final no se casó todavía, está en eso; que Violeta se enamoró casi por primera vez, pero que él la dejó hace unos días, y ahora está mal; que Mona me tiene prohibido contar nadam vieron cómo es ella de supersticiosa (sí vos, no lo podés negar). Pasaron tantas cosas en este último tiempo, como seguramente les habrán pasado a ustedes, la vida tiene eso, como decía mi terapeuta, "nunca golpea la puerta, siempre entra por la ventana". Y la vida nos entró por las ventanas de todas. Y vaya si entró. Pero bueno, de a poco iré poniéndolos al día, como cuando nos encontramos con viejos amigos, y nos vamos enterando de qué cosas pasaon en todo esos años que no nos vimos.
Ayer, Mona volvió de su viaje por Centroamérica, y el regreso ameritaba una "cenita de chicas" como siempre decimos. En medio de la comida, regada por historias delirantes de su viaje, en el que fue acechada por un uruguayo casado, que no entendía las palabras, "no quiero nada con vos", y por navegaciones en lagos que la levantaban a las 5 am, en medio de esas charlas, desordenadas, adrenalínicas y llenas de onomatopeyas, empezó a preguntarnos a una por una, si teníamos una pena.
¿Una pena? Claro, quién no tiene una pena tirada por algún rincón del corazón.
Muy misteriosa saco unas cajitas muy diminutas de su cartera y nos la entregó a cada una. “Son quitapenas”, nos aclaró.
Abrimos las cajitas y aparecieron unos más diminutos muñequitos, eran 6, de diferentes colores. Tiernos, muy tiernos.
-Tienen que contarle sus penas y luego ponerlos debajo de la almohada, mientras duermen ellos se llevarán las penas- nos explicó.
Este momento fue el punto culmine de nuestras onomatopeyas. ¡Aaaaaaaaaaaaaayyyyy! Qué linduritas. Mona pensó en curarnos las penas y nos trajo un souvenir de su viaje para que suceda con algo tan milenario.
No sé si porque siempre hablamos de hombres, los que trajo son todos hombrecitos, me enteré que también hay de mujeres. Son originarios de Guatemala. Dicen que fueron creados para los niños que no podían dormir, por eso debían contarle sus problemas al muñeco y guardarlo bajo la almohada antes de acostarse. De acuerdo al folclore el muñeco se preocupa por el problema en lugar de la persona, permitiéndole dormir tranquilamente. Cuando la persona se despierta, lo hará sin sus problemas, que se los habrá quedado el muñequito.
-Esto es una tradición indígena y está comprobada, no como vos que nos trajiste la pareja de coyitas de Jujuy para que encontremos novios y nunca pasó nada- me espetó Mona.
-Es que ese poder de los coyitas, Mali lo inventó- aclaró Loli riéndose.
Era cierto eso lo había inventado en ese momento, nadie me dijo que si te ponías la parejita ibas a conseguir novio, pero ante la necesidad surgen las creencias, ¿o no? Y se veían tan lindo juntitos, con esos colores tan vivos...
Esto pasó ayer a la noche, todavía ninguna probó la eficacia de los quitapenas guatemaltecos.
prometo ir poniéndome al día con ustedes, conmigo también, y sobre todo con mis quitapenas, que a la noche estarán debajo mi almohada, conversando entre ellos viendo cómo se pueden arreglar mis problemas. No sé si pedir una entrega al por mayor, temo que con seis no alcancen.

Las patas de la mentira

Mi abuela siempre decía que “las mentiras tienen patas cortas”. Cuando era chica imaginaba cómo serían esas patas. En realidad, no me las imaginaba ni cortas, ni largas. Me costaba creer que las mentiras tuvieran extremidades que les permitiese caminar. Al crecer fui entendiendo el significado. Sí, a pesar de sus patas cortas, las mentiras podían caminar. Y cómo.
La otra semana con esto de los mineros chilenos, volví a pensar en esas patas, cortas por supuesto. Aunque a veces cuando se es infiel, o se miente por infidelidad, las patas que puede generar una mentira, más que cortas, serían de un arácnido. Muchas patas para una sola mentira, o tal vez, para una sola verdad.
Yonny Barrios (50) fue el minero número 21 en salir de la oscuridad y no sólo ver, o casi, la luz, sino ver a su amante, Susana Valenzuela. La mujer que vieron otros miles de millones de personas abrazar a Yonny al salir de la mina y que se declaró como “legítima”.
La que tendría que haber blandido la bandera de legítima era su esposa Marta Salinas, con la que lleva casado 28 años. Pero ella se quedó en su casa, y según declaró, no pensaba ni verlo por televisión. ¿Habrá aguantado la curiosidad? Mmmm... me queda la duda.
“Tengo dignidad”, dijo. Actitud que fue respalda hasta por la propia primera dama chilena. ¡Cachai!
Ahora, parece que Susana no sólo luchó contra la esposa para quedarse con su cuchi cuchi, con quien está hace 10 años, sino contra otra jovencita de 25 años que también disputaba la presa. Mirálo al Jonny bravo. Y, con lo que se va a quedar también Susi es con la donación de 10 mil dólares que hizo un millonario para cada minero.
La verdad Susana en su afán por estar con su enamorado logró borrar de un plumazo ante millones de personas el papel de segundona de la amante. Siempre en segundo lugar, siempre teniendo el tiempo que sobra, el que le toca por descarte, siempre escondida. Pero... ésta no se escondió y la jugada le salió redondita. Pasó en una vuelta del destino a ocupar el podio, y el primer puesto.
De todas formas más allá de este final feliz para ella, y más para él, que salió cantando "cuántas minas que tengo", me queda la duda si más de un infiel de larga data, se tomará el tiempo de pensar en esto de las patas de la mentira.
Seguramente, Yonny nunca pensó que se iba a quedar 70 días bajo tierra, y que tanto su mujer y su amante se iban a encontrar afuera. Y encima, que la historia de él y sus 32 compañeros se iba a transformar en el hecho más visto de los últimos años, superando la llegada del hombre a la luna.
Claro, este hombre infiel no podía pensar todo esto, como tantos otros no pueden pensar que a veces las mentiras no sólo tienen patas cortas, sino que se hacen públicas, con televisación o sin ella. Y cuando se hacen públicas, más de uno quisiera estar bajo tierra y ya no por 70 días, sino por unos cuantos más.

Él se lo merecía

Ya era hora de que se le diera el valor que se merece. Y que ocupe el lugar que bien se ganó a lo largo de la historia. Porque desde que el hombre es hombre, y la mujer mujer, el “rapidito” forma parte de sus vidas. Y quién no dice que fue uno que se tiró Adán con Eva detrás del manzanero, el que ocasionó la pérdida del paraíso.
Si les digo la verdad, a mí me encantan, sobre todo cuando vienen acompañados de pasión o alto deseo sexual, o cuando se hacen casi con la ropa puesta, o en lugares raros. Me parecen de un alto poder erótico. Y tengo algunos “rapiditos” memorables. Hoy leí algo que me dio mucho gusto, y lo sentí casi como una reivindicación. Como siempre, viene de la mano de los científicos, que siempre están abocados a investigar la vida sexual de los mortales.
Esta vez, no fueron los de la Universidad de Massachusetts, sino de Penn State, en Pensilvania. Ellos hicieron una encuesta con miembros estadounidenses y canadienses de la Sociedad de Investigación y Terapia Sexual. Y llegaron a la conclusión de que al contrario de lo que se piensa -o se fantasea- un acto sexual satisfactorio para una pareja debe sólo durar unos minutos, entre 3 y 13 minutos. Si eso no es un rápidito, qué lo es.
La encuesta, publicada en Journal of Sexua Medicine (Revista de Medicina Sexual) mostró que un acto sexual "adecuado" duraba de 3 a 7 minutos, uno "deseable" de 7 a 13 minutos, uno "demasiado corto" de 1 a 2 minutos y uno "demasiado largo" de 10 a 30 minutos.
Según, los investigadores hay muchas creencias basadas en estereotipos sexuales. Como que dan más placer los penes enormes, las erecciones duras como una roca y el acto sexual que dura horas. Según los autores, con este estudio intentan "disipar dichas fantasías y alentar a hombres y mujeres con datos reales sobre lo que es un acto sexual aceptable".
Igual, como siempre digo, científicos ¡basta! Aunque me encanten los “rápiditos”, y me alegro que le den el valor que se merecen en la historia de la sexualidad, todos sabemos que no hay reglas en el sexo. Que es diferente con cada persona, en cada momento, en cada etapa de la vida, que no siempre 3 minutos van a ser lo mejor, ni tampoco 3 horas van a ser lo peor.

Pic: Margolove

Sinceridad tardía

Cuando las cosas parecen que vienen bien, que todo marcha sobre ruedas. Y la vida me sonríe con su mejor sonrisa, sin caries o dentadura postiza. Cuando él es acorde a mis necesidades, a mis ilusiones, y se convierte en mi "pichicuchi". Y nada hace sospechar que pueda surgir algo malo en la relación.
Cuando estoy tan tranquila, y descanso en esa especie de limbo, que es estar enamorada. Cuando todo parece tan bonito, como en las películas de amor, sobreviene la frase que me pone los pelos de punta, y hace que tiemble como si hiciera -20ºC, aún con 40ºC a la sombra.
En esa paz monacal, excepto por el voto de castidad, él con cara circunspecta, serio, muy serio, extremadamente serio, mirándome a los ojos dice:
- Quiero ser completamente sincero con vos...- y termina, no con un punto y aparte, sino con un suspiro, bien prolongado.
Así, sin más. Tras lo cual, se queda haciendo un silencio, que me parece una eternidad, como si en ese instante se hubieran cerrado las aguas del Mar Rojo, conmigo en el medio. O, como si estuviera en una playa asiática, y una ola de 30 metros provocada por un tsunami, se me viniera encima.
Luego de esa abrumadora frase, previa a una confesión, es cuando sucede lo peor.
Siempre, que alguien pronunció esas malditas palabras, no al segundo o tercer día de la relación, quizás al mes, a los dos meses, o tres, se vino el caos, porque no trae nada bueno. Si es al año, estás en la parrilla con los chinchulines y los chorizos.
Esta "sinceridad con delay", en realidad oculta algo, que en ese preciso instante deja de ser oculto.
Y entonces, aparece un matrimonio no disuelto, sino muy vivito y coleando, y quizás culeando también (aunque siempre para él se lleven muy mal); una internación en un psiquiátrico, del que sale para visitarte; una historia de identidad encubierta por narcotraficante arrepentido, una minoría de edad (con mirás a que te acusen de estupro), no sé… cualquier motivo que hace que esa verdad se convierta en un descubrimiento desastroso.
Y en ese preciso instante, en que caigo cual huevo al piso, es cuando empiezo a pensar que la sinceridad es un valor que a veces duele.

Publicado 2006

Argentina es su amor

Si alguna pensó que ir a un lugar donde se transmiten los partidos del mundial es una buena idea para levantarse un tipo, olvídenlo.
Es que hace tiempo con las chicas pensábamos en buenos sitios para buscar hombres, más allá de la disco, a la que cada vez vamos menos; o los after office, a los que también cada vez vamos menos; las fiestas privadas por mailing, a las que dejamos de ir, porque al final siempre te encontrás con las mismas personas, que ya no te gustaron en la primera. (Mierda, no estamos saliendo nada.)
Ir a cenar cuatro chicas juntas, pretendiendo encontrar a alguien, es casi lo mismo que pretender que el compañero que te toque en un viaje de avión, sea el hombre de tu vida.
Quizás sea una pretensión un tanto romántica. Pero, la hermana de una amiga encontró a su marido en un vuelo. Claro, que ella era azafata, y creo que esto aporta varios bonus track a la cosa. Las opciones se van acabando.
Mona una vez sugirió que ir al súper un domingo a la tarde puede ser buena idea, pero cuando la puse en práctica, sólo encontré matrimonios con niños, viejitos tomados de la mano, que siempre me arrancan una lágrima, y alguna que otra señora protestando por los precios. Hombres solos, ni uno. Mejor dicho, hombres sólos solos. Sin el anillo que evidencia por lo menos a primera vista su condición marital. Quizás el error radique en el día, y no en el sitio.
Y por último nos quedaba, ir a un bar a ver el partido de Argentina. Mala elección. Pues, si hay algo que un hombre argentino ama casi tanto como a su vieja (ya lo dije), es a su equipo de fútbol y luego a la selección. El conjunto de once jugadores que mágicamente quiebra la división entre hinchas. Con ella uno de River, uno de Boca, Racing o Independiente se igualan. Y si hace un gol el seleccionado, un cuervo puede abrazarse a un bostero, sin ningún prejuicio. Allí todos tiran por la blanquiceleste.
Y nadie miraría a la mejor mina, aún en bolas, aún con escote con dos pelotas número 5, porque la única pelota que les importa es la que está rodando en la cancha, y la única mina que les importa es la que se llama Argentina.
Hasta si es tu novio, le podés decir "mi amor te engañe con el mecánico de tu auto, ese morocho súper musculoso", que él seguro te dirá shhhhh.... y seguirá hipnotizado viendo el juego.
Quizás se pueda llegar a pensar, bueno... el partido dura dos tiempos de 45 minutos, y después todos esos hombres repletos de testosterona, en un cóctel mortal con la adrenalina que le dio el gol del contrario, cuando termine la contienda nos van a dar bola.
Tampoco. Porque después viene el debate, la crítica, el comentario de los goles, las puteadas por los cambios, o por las jugadas, o simplemente quedarse viendo embobados a los comentaristas (masculinos) que más que nunca pululan por la tele.
Habrá que esperar a que esta fiebre pase, a que se calmen, y a rogar que la Argentina salga campeón, para que no se les baje la moral.
No
se
les
b
a
j
e.

Nota: ya lo sé Armando Esteban este post fue publicado en 2006, pero les juró que es tan actual como en ese año, ¿ o no chicas? Prometo nuevitos en breve, y qué siga ganando Argentina.

Inteligencia vs. fidelidad

Se acuerdan de ese estudio que comenté acerca de que las mujeres inteligentes tenían menos posibilidades de casarse, incluso las que tenían estudios universitarios corrían con un 4% más de imposibilidad. Hace poco encontré un artículo que otra vez involucró la inteligencia con cuestiones del amor, aunque esta vez sería más del desamor. O, por lo menos, de un amor en baja. Porque ahora un estudio realizado por un equipo de la prestigiosa London School of Economics (está vez no fueron los de Massachusetts, qué raro) sostiene que los hombres que son infieles a sus parejas presentan un coeficiente intelectual más bajo que aquellos que no lo hacen y mantienen la monogamia.
El trabajo, cuyas conclusiones fueron publicadas en la revista especializada Social Psychology Quarterly, analiza dos grandes bases de datos de Estados Unidos, una sobre salud adolescente y otra de carácter social, en las que se midieron diferentes comportamientos y el coeficiente intelectual tanto en adultos como en niños (y ... vieron cuantos novias tiene un preescolar). Tras comparar minuciosamente los resultados de ambos estudios, observaron que las personas que daban importancia a la fidelidad sexual en una relación tenían coeficiente más alto. Leyeron bien, sería algo así: hombre monógamo = hombre inteligente.
Lo que no me queda muy claro, es si este estudio lo firma una mujer u hombre, porque el autor es Satoshi Kanazawa. Y mi ignorancia en el campo de los nombres orientales no me permite descubrir el sexo del autor. Algo que quizás más allá de la ciencia pudiera haber influenciado en sus declaraciones acerca de que "los hombres inteligentes son más propensos a valorar la exclusividad sexual", un comportamiento que se considera una señal de la evolución de la especie. Según él, a lo largo de la historia, los hombres siempre fueron "relativamente polígamos", por lo que una relación monogámica supone una "novedad evolutiva", en oposición al hombre primitivo, que era propenso a la promiscuidad.
O sea que ser fiel es el camino sin retorno de la evolución de la especie masculina. Mmm… permítanme disentir. Dado mis humildes estudios de campo, o ciudad en este caso, dado mis conocimientos a través de mis amigas más cercanas, y también de mis amigos, que me cuentan sus retrocesos evolutivos (según Kanzawa), y de todas las historias que me llegan vía email, no veo que esa “novedad evolutiva” haya llegado a Argentina.
Por otro lado, es cierto que en este país siempre vamos a contramano, y podría ser que en este tema todavía nos falte crecer, o transitar unos añitos más, que en el país del norte.
Y, para agregar un tema más de polémica al estudio, el autor asegura que estos resultados no se pueden aplicar a las mujeres ya que "ellas siempre fueron relativamente monógamas y, por lo tanto, esto no supone una evolución". Y ahí, me atrevo a decirle: Satoshi, está equivocado, o las señoras de la encuesta mintieron, o el “relativamente” no está muy bien especificado, pero la historia, o las estadísticas, demuestran otra cosa. Las estadísticas de infidelidad aseguran que el 60% de los hombres son infieles, y que el 40% de mujeres les sigue los pasos. Otros datos, nos ponen al frente, por ejemplo, para Sexole, el primer estudio sobre conductas y preferencias sexuales de usuarios de Internet en España, las mujeres son más infieles que los hombres (50% frente al 44%). Claro, que el tema es que con evolución, o sin ella, la mujeres lo mantenemos más calladito.

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Sexo, video y traición

Carola le mostró un video erótico de Silvia con otro hombre al futuro marido de esta. En venganza, Silvia le pegó con una maza y la dejó en coma.
Veintinueve palabras alcanzan para contar la historia que conmociona a los argentinos. Y que destruye la vida de un par. El caso de General Las Heras ya está en el top one de las noticias. Ayer buscando otra información me topé con el video de la discordia. Escenas de sexo oral grabadas en un celular.
Tengo varias puntas para analizar:
1. Lo que la mina quería con todas sus ansias era casarse (tanto como para romperle la cabeza a la otra por impedírselo), pero al mismo tiempo le gustaba “parrandear”, por decirlo con un eufemismo. Dos cosas que pueden ir juntas, claro, pero que a la larga terminan mal. Y encima, no sólo le gustaba hacerlo, sino que lo grababa (y no lo borraba). “Me estaba por casar y me lo arruinaron”, confesó. ¿Quién arruinó a quién? El infiel que deja pruebas es satánico o pelotudo.

2. El novio dice que no vio el video, que canceló el casamiento porque no se sentía bien. “Si te vas a casar tenés que estar entero, tenés que festejar con alegría", señaló. Algo lógico, se sabe lo agotadoras que son las fiestas de casamiento. Igualmente, resulta un motivo un poco raro para suspender un casamiento con todo preparado, a mi me suena más creíble que lo cancelara por el video. Pero él afirma no haberlo visto, y lo bien que hace. Él no lo habrá visto, pero hay muchos testigos que dicen que era vox populi en el pueblo, y que estaba circulando desde 5 o 6 meses. Este segundo punto, se divide a su vez en dos conclusiones:
2.1. Es preferible quedar como un inseguro, hasta enfermo, antes que cornudo. (Qué cara la del tipo de salir a hablar por la televisión)
2.2. Siempre el último en enterarse es el cornudo. No hay tutia.

3. La cocina no es un buen lugar para iniciar peleas, de ningún tipo. Mejor hacerlo lejos de elementos contundentes. Se sabe que la furia no es buena consejera.

4. Nadie dijo quién es el tipo que está en el video, primero decían que era el marido de la mujer herida, lo que le daría un motivo más para la agresión, pero él lo negó. La cara del tipo se ve bien el video, por lo que supongo que debe estar a más de 1000 kilómetros de General Las Heras.

5. "Pueblo chico, infierno grande", fue el cliché que los periodistas usaron en casi todas las notas. Un poco de creatividad, carancho.

4. La gente no escarmienta con los videos caseros porno, los hace con cualquiera sin medir las consecuencias. Famosos o no, próximos a casarse o no, infieles o sí. Por eso, yo los videos los tengo sólo en la cabeza. Es el mejor lugar para guardarlos.

(Ojalá que Carola se mejore, en serio)

Update: Luego de una agonía de 9 días, Carola murió. Una pena.
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Talar el bosque

Hoy haciendo zapping me topé con una entrevista a Cristian Sancho, el nuevo ícono gay de la tira Botineras, le estaban preguntando si se depilaba. A lo que el hombre con estómago de tabla de lavar respondió que no. Para reafirmar lo que decía, se levantó el jean, bajó la media y mostró pelitos en su pierna. Como si no bastara, además aclaró que su pelvis lucía natural.
La verdad, no le creí. O la naturaleza lo dotó de poco pelo, algo que su cabellera desmiente totalmente; o, el reciente padre hincha de Newell's, no quiso aumentar su estigma gay, ya bastante con personificar a Manuel, el jugador de fútbol que se enamora de un compañero, y claro no sólo se enamora, sino que se besa y mucho más. El caso es que en todas las producciones que hace Cristian, pela pecho sin un mínimo vello, dichoso de él dirán cientos de mujeres que recurren a la depilación para extirparlos de su cuerpo y de su vida.
Si tengo que hacer un raconto de la pilosidad de los hombres que pasaron por mi vida, debo reconocer, o recordar, que tuve varios exponentes. Mi primera pareja era un oso, un mono, o lo que quieran pensar, mucho pelo, mucho, en cabeza, en cara también porque usaba barba, y en pecho, ni hablar. Tal era su pelambre que en invierno andaba sólo con una camisita, el polar lo traía de fábrica. Con él estuve mucho tiempo, y no me acuerdo que el pelo me inhibiera, o me molestara en la intimidad. Pero, con el correr de los años, después de haberme separado, quizás por el mismo hecho de no estar con nadie que se pareciera a él, terminé por buscar hombres más lampiños.
Mi segunda pareja, lo era. Y además se recortaba (no afeitaba) la zona pelviana, algo que yo agradecía de forma muy oral. Lo gracioso ocurrió con mi tercera pareja. Nosotros curtimos una noche, muy touch and go y al otro día, él se volvió a Miami, donde vivía. Nuestro romance siguió vía email durante casi un año, hasta que yo me decidí a irme a vivir con él. En ese tiempo hablábamos diariamente por teléfono, hasta teníamos sexo telefónico, y en una de esas largas charlas surgió el tema del vello pelviano, ¿tala o bosque natural?
Yo resumí las virtudes de bosque talado, al principio él no se convenció con mis argumentos, pero fui lo suficiente consistente e insistente y logré convencerlo. Él no se había cortado nunca el vello púbico desde que nació. Lo juró, y re juró. Tenía todo el amazonas como marco de su pene. Por suerte, esa noche de sexo loco, yo estaba un poco alcoholizada y no note ese pequeño, o gran, detalle. Lo único que quería era coger, el bosque era algo de segunda importancia. El deseo a veces borra toda preferencia estética.
Al otro día de mi convincente charla, me llamó muy eufórico para contarme que se había cortado, y afeitado, su bosque natural. “Chévere, no me quedó un pendejo, y sabés qué, ahora me veo mi pito más grande”, me dijo. Esa ventaja no se la había dicho, pero luego la usé en otros casos que no vienen a cuenta ahora.

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Las grandes historias

Empecé el gimnasio, uno de los lugares que más odio en mi vida, la semana pasada. Luego de pagar tres meses Pilates, en Megatlón, sin usar, le di de baja y me cambié a otro gym menos glamoroso y más barato. No es que me guste tirar la plata así como así, pero mi excesivo interés por hacer pilates tres veces por semana recudreció (qué verbo tan feo, yo recrudezco, tu recrudeces, él recrudece...) mi dolor lumbar. Desde los 20 convivo con dos hernias de disco, que a este paso voy a terminar como Ricardito Fort, con clavos y no sé qué más en la espalda.
Algo que siempre me llamó la atención es que a pesar de este problemita en la espalda, nunca, pero nunca, y aún en los peores momentos, me impidió tener sexo. Mi segunda pareja, a la que le tocó compartir un mal período lumbar en mi vida, me decía: "A vos todo se te pasa cogiendo", y juro que era así, en el momento de tener relaciones con él jamás me dolía nada, debe ser que la mente se enfocaba en otra cosa. Más allá de que cuando tengo relaciones no me duele nada, el resto del día ando bastante mal. Por eso cuando el traumátologo me indicó, "natación y bicicleta" (de "sexo" ni habló) cambié la "y" por "o" y opté por empezar con la bici, algo que no me disgusta y por lo menos es en terreno seco.
Todo este preámbulo se hizo necesario para contar por qué estoy devorando libro tras libro. Opté por llevarlos al gym y mientras pedaleo, casi una hora diaria, leo. Los apoyo en el frente, donde está la consola con toda la info, kilómetros, calorías gastadas, etcétera, etcétera, y leo mientras el tiempo corre. Algo muy bueno, con lo que me gusta leer, el tiempo pareciera correr más rápido, lo cual es una ventaja enorme para mí.
Soy la única que lee, pero nadie da cuenta de mi voracidad literaria, todos están subidos a sus máquinas intentando darle batalla a los kilos o a los años, o al orgullo también. Hoy, cuando estaba en el minuto 42 de la pedaleada leí algo tan exacto, y tan bello, que me apropié inmediatamente del texo, lo hice mío, y ahora quiero hacerlo de ustedes.
Muchas veces pensé en el valor que lleva una historia en sí, en cuánto nos gustan leer algunas historias, y en cómo algunas nos atrapan de tal forma, que se nos meten por dentro y no nos dejan más. Algo así, pero con otras palabras, las mismas que quisiera haber escrito yo, escribió Arundhati Roy en "El dios de las pequeñas cosas".

"El secreto de las Grandes Historias es que no tienen secreto. Las Grandes Historias son aquellas que ya se han oido y se quieren oir otra vez. Aquellas a las que se puede entrar por cualquier puerta y habitar en ellas comódamente. No engañan con emociones o finales falsos. No sorprenden con imprevistos. Son tan conocidas como la casa en que se vive. O el olor de la piel del ser amado. Sabemos cómo acaban y, sin embargo, las escuchamos como si no los supiéramos. Del mismo modo que, aún sabiendo que un día moriremos, vivimos como si fuéramos inmortales. en las Grandes Historias sabemos quién vive, quién muere, quién encuentra el amor y quién no. Y, aún así, queremos volver a saberlo. Ahí, radica su misterio y su magia".

Lo leo dos veces mientras sigo pedaleando. Pedaleo, pedaleo, pero la magia de las palabras logra que los minutos se posen sólo en los puntos finales. Bendición de Kunti.