Cupido se busca

No sé por qué pero siempre que dos personas se juntan o, por lo menos, el amor prospera hay alguien que se quiere adjudicar los laureles de esa unión. Es como si dieran un premio por la unión de parejas. Quizás tenga que ver con una satisfacción especial, que se enlace con la búsqueda del amor, por la que todos pasamos alguna vez. No sé.

En mi casa, mi tía siempre dice que ella le llevó la carta que mi mamá le envió a mi papá diciéndole que sí quería ser su novia. Fue una especie de cupido. Mi prima mayor dice que ella le presentó al hermano de un amigo a mi hermana, que al final se casó con él. Rosita, una amiga de mi madre, asegura ser la Celestina que vio que Fran era el hombre ideal para convertirse en el segundo marido de mi progenitora. Mona dice que fue varias veces mi Celestina, con resultados adversos. Pero Celestina, al fin. Le encanta darse esos créditos.
En mi caso sería hasta lógico que fuera algunas de mis amigas, que vivieron palmo a palmo mi encuentro con Nando Pero, no, ninguna se atribuye el crédito amoroso. Lo insólito del caso es que el que se quiere llevar el triunfo de esta nueva relación es Juan, el encargado de mi edificio.
Desde que se enteró oficialmente de que el del Cuarto B, y la del Sexto B estamos en una relación que es mucho más que una bonita vecindad, o de compañeros de consorcio, el tipo a uno y a otro les cuenta que si no fuera por él no estaríamos juntos.
-Vistes, ió le presenté el novio a la Mali, vistes vo...- le dice a todos, en plan de adjudicarse mi nueva relación.
Y, además les cuenta con lujo de detalles cómo nos conocimos, que si no le hubiera dicho a Nando que la bombachita que él encontró en su balcón era mía, quizás jamás me lo hubiera cruzado, o tal vez, me lo hubiera cruzado pero no nos hubiéramos dado bola, pero se ve que a él le gustó esa tanguita de la Mali, vistes..., era muy chiquita.
¡No lo puedo creer!, aunque todo esto sea cierto, porque Nando vino porque indicación de Juan a traerme mi tanguita de Argentina, como decía Panigazzi, "una cosa es una cosa, y otra cosa es otra cosa". Yo no quiero que cuando seamos viejitos, tenga que pensar en el baboso Juan, en el hombre que me miró el culo casi los 365 días del año, como el cupido que me llevó al amor de mi vida. Es muy feo no quiero asociar a Juan a mi nueva vida de pareja, me voy a inventar un nuevo cupido, si no con más glamour con menos pasadas de franela, simil masturbación, en la manija de bronce de la puerta de mi edificio.

Surprise

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Y no se las da a Pedro Navaja, que en paz descanse. No, me las da a mí. Es que cuando creo que tengo todo bajo control surge algo totalmente inesperado, impensado, que me provoca inquietud. Y me da dolor de pancita. Y sí, todo lo somatizo por el estómago.
A mi casilla de e-mails llegan mensajes de todo tipo, desde preguntas sobre cómo llevar una relación, a si hizo bien en dejar a su chica, proposiciones para explicarme vía Messenger sobre la mente masculina, ofrecimiento de sexo por parte de los dos sexos, ensayos sobre cómo ser un feliz cornudo, en fin… un popurrí de cosas, que leo y respondo. Cuando no respondo es por qué realmente no sé qué decir, o mejor dicho, no sé qué decir elegantemente.
Pero ayer llegó un email que me sorprendió. Era de la producción de Viví de 10, el programa de Viviana Canosa, de Radio 10 (AM 710). Habían leído mi columna en El Argentino, titulada: Dónde buscar hombres, y querían que saliera al aire para hablar del tema.
Me quedé helada. ¿Salir al aire? ¡Salir al aire! Aire era lo que necesitaba para pensar, se ve que no llegaba al cerebro, porque me sentí totalmente colapsada.
-Me escribieron de la producción de Canosa, quieren sacarme al aire en su programa de radio.
-¡Puta, putísima!- me dijo Mona del otro lado del teléfono- ¡Reputa, putísima! No lo puedo creer Mali, qué suerte, buenísimo, me encanta, me encantaaaaaaaaaaaa.
-No sé, ¿a vos te parece Mona que hable con Viví? ¿No es exponerme mucho?
-Si no hablás te juro que te mato, te recontra mato, y te vuelvo a matar cuando estás muerta...
Mientras ella seguía profiriéndome amenazas que la hubieran hecho declarar en un juzgado penal, yo le explicaba, que si esto de estar en el diario, y ahora estar en la radio, no me delataría con El del cuarto.
-El del cuarto, ni tiene idea de todo, ese pajarraco ecologista no va a saber que llevas una doble vida. Además no escucha radio, y además, deci que no tenés pareja, para despistar... ¡¡¡Mierda!!! despues de todo qué te importa, vas a dejar de hacer lo que querés por un tipo. ¿De nuuuuevooooo?
-Pará loca, qué doble vida. Llevo un blog, donde cuento mi vida, te das cuenta, si se entera se me pudre todo. Justo ahora.
-No escucho razones, si no le das tu teléfono a la producción, llamo yo.
Al final, y con una espada de Damocles en mi cabeza, llamé a la producción y les dije que iba a salir. Me dijeron que me van a sacar al aire mañana (bueno ya hoy) jueves 19, entre la 1 y las 3 de la tarde, y que vamos a hablar del tema del artículo: Dónde buscar un hombre.
Luego de años tratando de buscarlo, al hombre digo, espero que este programa no haga que lo pierda, porque la próxima columna será: "Cómo perder un hombre que tardaste tanto en encontrar". Dios y La Canosa me ayuden.

Update:
Para escuchar el programa. Colgué el mp3 de Malizia con Canosa en Podomatic.

Después del eclipse

Corrí hasta la esquina del café, y recién ahí levanté mi mano parando un taxi, quería llegar lo antes posible a mi casa. La ciudad iba pasando a los costados, como si fuera un decorado de papel, y yo lo único que hacía era llorar, con un llanto silencioso, las lágrimas me caían por las mejillas, lloraba como una nena, no podía parar. El taxista me miraba por el espejo pero no me decía nada. Mejor, no hubiera soportado preguntas, y mucho menos consejos a 3,80 la bajada.
Cuando cerré la puerta del departamento, sentí que había roto un hechizo. De pronto, como si hubiera salido de un eclipse, las cosas se habían aclarado, y sabia que mis verdaderos sentimientos estaban con él. Y no por deber, sino porque lo quería con todo mi alma.
Lo mejor cuando se está perdida es retomar las coordenadas, a ubicarse en el mapa, y buscar la ruta que llevará de nuevo al lugar donde se debería ir.
Sentada frente a Martín, y mientras él volvía a ejercer esa seducción propia del encantador de serpientes, pude ver, detrás de su sonrisa una cara, y detrás de esa cara no vi nada más, no sé por qué, pero me di cuenta de que esa pasión que sentía por él era una trampa, un castillo de naipes muy ardiente, que no duraría más que unos buenos polvos. Él era adrenalina en mi vida, pero tanta adrenalina puede provocar un infarto, y a veces, la calma, aunque parezca aburrida, es el lugar donde se encuentra la paz. Sé, y me avergüenza decirlo, que estaba jugando inconscientemente con él, o no, estaba jugando conmigo misma, esa paja mental, ese desear lo que no se puede, lo que no está al alcance. Ese regodearse en fantasías para boicotear lo que se tiene, como si nunca me alcanzara ser feliz con la realidad.
-Voy a cortar con Candy- me dijo sentado en el bar.
Y, pese a que esa declaración podría haber abierto una posibilidad entre nosotros, fue la frase que disparó mi liberación. Porque me di cuenta de que aún libre, yo no podría formar nada con él. Entonces, me sinceré. Le empecé a contar mi historia con Nando sin ninguna omisión, y sobretodo con los sentimientos sobre la mesa, y mientras se la iba contando, una a una, fueron apareciendo las imágenes, y una a una fue construyendo la ruta que me llevó a estar en pareja hoy. Ya no me sentia perdida.
Al final le dije que Nando es el hombre con el que quiero construir algo, y al decirlo, supe que estaba sacando la carta de abajo del castillo.
Mi hermanastro seguirá siendo mi hermanastro, no sé si él cortará en serio con Candy, pero yo no quiero tener nada más con él sino una relación de familia. Es mi decisión. Quiero apostar a mi relación. Habré sido muy rotunda en mi accionar, o muy sincera con él, porque no ofreció ninguna contraofensiva. Y cuando lo saludé con un beso, me dijo: “Que seas feliz entonces”.
Se me cerró la garganta, y casi me pongo a llorar ahí, pero le dije, gracias, eso espero.
Sé que la felicidad no es algo utópico, se construye a partir de las propias decisiones, sé que para tener felicidad muchas veces hay que luchar contra el peor enemigo, nosotros mismos. Lo sé.
Salí corriendo de ese bar a buscar a Nando para decirle que ni se lo ocurra dejarme de nuevo, porque lo mato. O por lo menos, le rompo la otra pierna. Y que parezca un accidente. Soy feliz.

* En 24CON está publicado el post El publicista sexual, si tienen ganas dense una vuelta.

Razones

Me di vuelta. Me habían llamado y conocía la voz. Cómo no conocerla. De la sorpresa pasé al estupor, antes de darme vuelta ya sabía que era Martín, mi hermanastro. Yo salía del trabajo y él me estaba esperando en el auto, cuando me vio salir, bajó y me corrió unos pasos.
Ahí estábamos los dos, frente a frente, mirándonos.
Este hombre es increíble, y la verdad que a esta altura me asusta un poco. Asustar no es la palabra, porque miedo no me da, me da como una electricidad rara, porque no quiero tener nada con él. En realidad nunca tuve más que unos buenos polvos, muy buenos, maravillosamente buenos, pero no quiero ni seguir con eso, aunque reconozco que mi mente dice no, y mi cuerpo dice, sí.
¿Por qué a veces tenemos que decidir entre el deber y el placer? Qué tanto tengo que renunciar a acostarme con él por Nando, por no herirlo, no lastimarlo, por no hacerlo un reverendo cornudo. Sé que lo quiero, y de hecho es mi pareja, sé que lo paso bien, y también tengo muy en claro que Martín no sería un hombre con el que quisiera construir nada, porque siempre estaría pensando que me engañaría. Cuánta hipocresía tengo, porque siento que yo no engañé a nadie, si en realidad fui participe del engaño, qué me libera de culpa y cargo, si ni siquiera siento amor por él, sólo un deseo carnal que me arrasa. Y que por momentos se vuelve incompatible con mi conciencia, llena de preceptos aprendidos.
Una vez leí que por ser fieles a otros somos infieles con nosotros mismos, y es la verdad, cuando me di vuelta y vi a Martín sentí que me iba a caer, de pronto la tranquilidad en que estaba inmersa, esa paz cotidiana que no se registra, en la que se camina, se habla, se trabaja, ese latido normal del corazón, esa respiración imperceptible, involuntaria, se ve alterada por la sola visión de una figura, de un chistido, de una voz que se reconoce entre miles.
Me venía a invitar a tomar un café, “nada raro”, me aclaró por las dudas de que yo saliera corriendo, y le dijera cualquier barbaridad. Entre él y yo a esta altura, sí hay algo personal.

-Un café no le hace mal a nadie-, dije yo y fui.