Plot point

La verdad es que no sé si fui yo o Nando el que sacó el tema, porque a esta altura se me mezcló todo. Es como cuando te acuerdás de lo que se habló, lo que se dijo, quién lo dijo y cómo, pero no recordás exactamente el momento en que la conversación comenzó a girar perversamente para otro lado, para ese lado, como si un fuera un plot point de una película, ese punto de giro donde todo cambia. Así pasó con Nando, empezamos a hablar de mi familia, y de esto y de lo otro, de su madre, que le dijo que pensaba quedarse un tiempo más aquí, y en un momento el centro de la charla era mi hermanastro. Sí, Martín.
Como lo supuse todo este tiempo Nando no es ningún boludo, y como lo sé de toda la vida yo soy muy tarada, y eso que me juré no contarle nunca que había tenido algo con él, pero no sé... me dio un ataque de sinceridad, que más sería sincericidio, y ése fue el punto de giro de la charla. En un momento le estaba confesando que yo había tenido “algo” con mi hermanastro, pero que había sido cuando nos separamos por su viaje al exterior.
Claro que ese “algo” no fue suficiente para él, y tuve que contarle que implicaba esa palabra, sin lujos de detalles, pero la palabra sexo se mencionó varias veces. Y cuando terminé de tratar de explicar con frialdad una relación tan calenturienta, dándole la menor importancia, y dejando en claro, que fue obra de que me sentía sola por su partida, y que claro, no significó nada para mí, y, y, y… él me aclaró, que ya lo sabía, que no es ningún idiota, y que no me puede decir nada porque él tuvo algo con alguien también en esa época, que en realidad nosotros no teníamos compromiso. Otro plot point. Aunque yo lo había pensado, imaginado, no era lo mismo que escucharlo de su boca, información de primera mano, imposible de descalificar. En ese instante sentí que me había comido un adoquín de veinte kilos. Y me empezó a doler el estómago.
Yo siempre fui de la partida de que si uno engañaba al otro tenía que morir con ese secreto dentro de él. Ni siquiera en el lecho de muerte sacárselo del alma, había que cargar con la culpa (si es que la tenía) solo. Porque al fin y cabo, una vez tomada la decisión de engañarlo, sacaba al otro de su vida, por lo menos en ese plano. Y bajo ninguna razón debía incluirlo en lo que sí se convertiría en un triángulo diciéndoselo. No se puede hablar de triangulación si una de las partes no lo sabe, no puede existir. Necesita los tres vértices apoyados en la realidad. Claro esto lo pienso yo. A mi modo de ver, el silencio es una forma de protección hacía el otro, que está caminando por la vida feliz como si nada hubiera cambiado. Recuerdo una vez que estaba sentada llorando en el psicólogo porque el día anterior me había enterado de que me habían engañado, y él me decía: “¿Y qué cambió de ayer a hoy?, que hoy lo sabes y ayer no; ayer lo veías bien, hoy el peor ser del mundo, pero la persona sigue siendo la misma”. No sé si fue en ese momento que algo cambió en mi forma de ver las cosas. Pero, es mi manera de pensar, y actuar. O lo fue hasta hace unos días.
Y si me preguntan qué hizo que cambiara algo que mantuve tantos años de mi vida, les digo que no lo sé, siempre las estupideces salen y no sirve de nada romperse la cabeza pensando cómo fue qué pasó, porque una vez estampadas en la realidad son irreversibles. Pero, lo peor de todo, es que le hice una escenita a Nando, que me hizo sentir perra, mala, y egoísta, y encima le dije que nunca le diga a su madre lo mío con mi hermanastro. Y diciendo esto me fui a mi departamento, hace dos días que no hablo con él, ni él conmigo. No sé por qué pero siento que cagué todo una vez más.

Dualidad

Mi hermanastro resultó un tipo jodido. Un tipo jodido que me calienta. Y odio las dos cosas, que él sea un tipo jodido, y que me caliente. Y esto no es una novedad, en el fondo sabía que era así. Y aunque luche porque no sea, ahí está el deseo agazapado entre mis neuronas esperando el momento de saltar para quebrar mi realidad.
Cuando llegué al café ya estaba sentado con su notebook abierta. El tipo es lindo, no sé si es lindo o a mí me parece lindo. Él no me vio entrar o, si me vio, se hizo el sorprendido cuando me aparecí en la mesa con un “hola, Martín” seco y escueto.
Se paró inmediatamente y me dio un beso en la mejilla, pero me tomó de la cintura más de lo que cualquier persona lo haría para saludar. Su contacto puso en alerta mi sistema hormonal, que comenzó a captar la presencia de un homo eroticus.
¿Cómo la mente puede navegar por otros tiempos mientras el cuerpo está en el presente? Mientras mi culo seguía pegado a esa sillita plegable pintada de rosa coral del café palermitano, mis pensamientos se iban una y otra vez a mis encamadas con él, a esa calentura infernal que queda grabada en algún backup en alguna circunvalación gelatinosa. Lo miraba y me acordaba de su cara, de sus manos, de su pene entrando en mí, de sus palabras guarras en mis oídos. Cómo se puede ser tan cretina y decirle a tu mente que ya todo eso es parte del pasado, que se vaya de ahí, que aleje esos fantasmas que te humedecen la vulva de solo pensarlo.
Él, como si estuviera aliado con mi cerebro, está haciendo todo lo posible para que pise el palito, para que vuelva a cabalgar sobre su cuerpo. Lo sé, él sabe que miento, y yo sé que la historia con mi suegra es algo raro, todo su blablabla qué la mamá de Nando le gusta, y qué pasará con toda la familia, blaaablabla… qué ya se encamaron.
-¿Ya te encamaste con ella? Pero mirá que sos ¡hijo de puta!
-Mali, ¿querías que te pida permiso?
-La muy guacha no me dijo…- pensé en voz alta.
-Jajajajaja, disculpá que me ría, pero no creo que sea algo que te tenga que contar tu suegra.
-¿Y qué consejos querías pedirme si ya hiciste lo que tenías que hacer?
- Y… es un tema delicado…vos lo conocés a Nando… ¿cómo se lo tomará?
-Y a mi qué carajo me importa Nando, su mamá y vos. Sabés me tenés podrida, desde que te enteraste de mi relación con él, lo único que hacés es joderme. ¿Por qué no me dejás un poco en paz, Martín?
-¿Yo joderte a vos, estás loca, qué te pasa Mali? Decime de verdad qué te pasa- me dijo agarrándome la mano con fuerza, y apretando mis rodillas entre sus piernas por debajo de la mesa. Liberé mi mano, y él liberó mis piernas.
Yo ya sabía que nada tendría vuelta atrás, aunque me muriese por volver tenía que alejarme de ese encantador de serpientes, no debía dejar que me toque por un segundo más.
-¿Sabés lo que me pasa?, que… que… nunca tendría que haberme acostado con vos, qué nunca te tendría que haber dado bola, y que por sobre todas las cosas no tendría que haber venido hoy aquí.
-¿Y si tenés todo tan claro por qué lo hiciste?
-Porque soy una pelotuda, está clarito, y te digo más, no me llamés, ni me mandés mensajitos, no me jodás más, y acostate con quien se te dé la gana, hasta con mi vieja si querés, vos sos un hijo de puta y eso no va a cambiar.
Y así, en medio de esa bronca, corrí la sillita plegable, tomé mi abrigo y sin ponérmelo salí del bar. Una chica que estaba sentada en la mesa de atrás me miro y luego bajó la vista. Ahí me di cuenta de que había levantado la voz más de la cuenta, no era sólo ella que me miraba, qué papelón por varios meses no iba a pisar ese lugar que tanto me gustaba.
Salí pensando que mi dualidad con él era insoportable, lo detestaba y a la vez le tenía tantas ganas, no podía separar mi bronca de todo lo que su presencia tan cercana había despertado. Sabía que en el fondo, muy en el fondo, allí fundido entre las sábanas en las que nos revolcamos más de una vez, estaban mis celos, mi sentido de posesión de él, mi lujuria abandonada. No quería llorar pero no podía evitarlo, una vez más lo hacía por un tipo y eso me desesperaba.