Hace días que no escribo y no quiero que piensen que tengo olvidado mi blog. En todo el año no me había tomado vacaciones y la verdad a esta altura ya estaba muy cansada. No sé por qué pero el año pasado también las tomé para fin de noviembre, Dios cuánto cansancio acumulado.
Nando tenía que viajar a España, todavía anda con su pierna rengueando, usa un bastón que era de mi bisabuelo. La recuperación fue muy lenta y hay muchas posibilidades de que quede así. A mi no me preocupa, pero sé que es algo que le molesta mucho, y, me doy cuenta de que todavía no cayó en la realidad de que esta forma de caminar sea algo permanente.
“Rengo de día, cojo de noche”, me dice como una forma de reírse de sí mismo, pero yo sé que esa risa es ficticia, que profundamente le cuesta aceptarlo. Bastón y todo se fue a España, tenía que cerrar muchas cosas que habían quedado pendientes. En un principio pensé en acompañarlo, pero iba con su socio y, luego de todo lo que pasó en los últimos meses, necesitaba tomarme unos días sola, o por lo menos separada de él. Ya haremos un viaje juntos, algo así como una luna de miel. De mentiritas, claro, porque el matrimonio está muy lejos de nuestros planes.
Sé que lo quiero, pero a veces eso no alcanza. Siento que voy a estar con él mucho tiempo, no puedo predecirlo, porque en la vida no se puede predecir nada. Pero cuando lo miro siento que quiero estar a su lado, y me aferro a él, lo aprieto y lo amo como nunca amé a nadie. Aunque… cuando me alejo, no pienso lo mismo. Ya lo sé, estoy loca, no me lo digan, pero es así. ¿Nunca les pasó algo parecido? Será que tiene un magnetismo especial que hace que su cercanía me impida razonar con todas mis neuronas. Terapia urgente.
Lo gracioso es que viajamos el mismo día, él a Madrid, yo a México. Sí, me fui a Playa del Carmen a reposar como un lagarto bajo el sol. Este era el propósito inicial, que fue cambiado por vientos huracanados y lluvia torrencial que dejó el paso del huracán Ida. De los diez días, cinco fueron de lluvia. De los cinco de lluvia fui todos los días a la playa, ¡carajo! Total mojarse en el mar, mojarse en la lluvia, en malla ya estaba. Por suerte hacia calor.
-Menos mal que no fue Ida y vuelta- me dijo Mona cagándose de risa, cuando le conté mi mala suerte.
Ya estoy de vuelta, él también, la vida sigue, y por suerte, los vientos huracanados quedaron dando vuelta por el Mar Caribe nada más. Entre nosotros sopla la suave brisa del reencuentro.








