
La sensación de que algo malo estaba sucediendo fue tan cierta, como el grito desesperado que lancé al universo. No podía estar pasándome esto, no era yo la que se miraba al espejo con su pubis, que ese momento de angelical no tenía nada.
El depilado es una vicisitud que por ser mujeres, ni dudamos en hacer, y que se transmite de generación en generación. No sé si mi mamá se hacía cavado, no creo. Pero, sí la veía depilarse las piernas. En realidad, no fue la modernidad la que inventó la
depilación. Es una costumbre que ya se conocía en Egipto, Grecia o Roma.
Las griegas quemaban sus vellos púbicos con velas; las romanas usaban algo así como una crema depilatoria, por supuesto con nombre mucho más romano como
philotrum. Es decir, que llevamos sobre nuestras espaldas, o mejor dicho sobre nuestra piel, años y años de
depilación . Y no es tan fácil evadir ese deseo de ser lampiñas, que la sabía naturaleza no supo dar. Vaya a saber por qué, y no quiero entrar con la clásica de la manzana, y mantantirulirula…castigos divinos, parirás con dolor, y etcétera. Pobre Eva, ya bastante con ser la primera.
Mi catastrófe empezó porque hacía poco tiempo que estaba viviendo en Miami, y me había comprado una cera depilatoria en el small. No sé por qué la elegí. Sería que ninguna marca me sonaba conocida, y el envase de esa me pareció simpático. ¡Error, nunca dejarse convencer por el envase (hombres y objetos es lo mismo)! Esa tarde cuando mi novio partió al trabajo, decidí hacer el operativo. Para lo cual leí todas las instrucciones en inglés, estaban en una letra tan pequeñita, y eran como cinco carillas, porque explican con lujo de detalle todo. La cuestión que entendí que había que usar una máquina especial, algo así como un calienta cera profesional. Pero como buena argentina, yo lo arreglo con un alambre. ¡I have a good idea!
-Pongo un poco en un recipiente de vidrio y lo caliento unos 10 segundos en el microondas, y ya está.
Lo que ya estaba preparado, era el cambio infernal que había convertido la inocente cera de abejitas en una maldita, bich, traicionera. Y parecía tan normal a simple vista, nada hacía suponer su transformación, se veía como cualquier cera argentina, pero era del país del norte, y seguro hablaba inglés. La puse en la zona a depilar, y todo seguía normal, debo admitir un poco pegajosa pero no más de lo usual. Nada hacía prever lo que acontecería en minutos, en 5 minutos a más tardar.
Cuando procedí a sacarla con el palito de madera en la forma habitual, practicada más de una vez, no reaccionaba de la misma manera que una cera común. Estaba caprichosa, como de aquí no me voy, no me muevo y ¡jódete maldita perra cabrona!(qué raro sonaba con la voz de Bruce Willis).
Parecía que me habían volcado un pegamento adhesivo, allí en las puertas del deseo, allí donde nadie osaría poner ni siquiera perfume, allí en mi vello pubiano. El infierno se llamaba: tengoquesacarmeestodeaquiyamismo. Pronunciado con la desesperación del momento.
Hasta me metí bajo la ducha, probé con alcohol, con acetona, con hojas de papel, que se quedaban pegadas y era todo peor. De a poco, pude ir sacando algo, pero parecía como esos dibujos animados en que hay un papel atrapa moscas, que todo se queda pegado así tal cual.
Cuando ya creí perder la cordura, y empecé a proferir improperios hacia mi misma en primer lugar y hacía la mierda esa que tenía allí todavía pegada. Llama mi novio, y llorando le digo:
-¡Pasó algo terrible!
-¿Se incendió la casa?
-No, algo peor... tengo pegada la cera en mi pussy, y nada la puede sacar.
Me calmó, me dijo que probara con crema, cosa que ya había hecho, pero ahora con calma y mucha más cantidad empezó a dar resultado. Quizás fue el cúmulo del agua caliente, del papel, del alcohol, y de la olorosa acetona. Atenti, con aloe vera.
Cuando vino a la noche, mi pubis era "la zona roja", digna de Amsterdam, además unos moretones asomaban en la entrepierna, porque creo que hasta probé con una lija.
Debo reconocer que no me quedó nada de vello. Luego averiguamos que sólo se podía usar en ese aparato especial. Ahora cuando pruebo algo nuevo en esa zona, es muy poquito al costadito, mínimo, mínimo, casi imperceptible. Al que se le pega la cera... cuando ve una abeja llora. Y juro que es así....bzzzzzz.